• Raúl Gibrán

Acompañado por una Rolleiflex


Queridos lectores, hace un par de semanas hablamos de Rulfo, pero no fueron tema central sus letras, fue una de esas extrañas situaciones en que la base era su fotografía. Agradezco a los lectores que enviaron mensajes sugiriendo retomar el tema de la cámara y el artista, aquí escuchamos al lector y claro que hoy comentaremos un poco más de tema. raulgibran@gmail.com

Parece que las viejas cámaras Rolleiflex tienen el don de estar en el lugar adecuado, en el momento adecuado. Tienen la capacidad de entrar a esos lugares para los que para muchos no es posible, ellas logran como seres encantadores seducir a infinidad de personas, eso incluye a grandes personajes del arte.



Encuentro por ejemplo a Siqueiros con una de esas bellezas mecánicas entre sus manos, su ropa de trabajo nos cuenta una historia o nos hace fantasear con miles ¿Qué pintas Siqueiros? Seguramente estará en la UNAM, baja del andamio, come algo, platica y se pone a juguetear con la cámara. Quizá está en el exilio, esos días en los que pinta y de golpe abandona los pinceles por largo rato mientras camina pintando con luz una nueva realidad. Sus manos llenas de pintura juguetean sobre la piel desnuda de esa musa hambrienta de realidad, debe haber terminado tatuado un Martí, un pueblo al que el sombrero le sofoca el rostro o quizá un autorretrato con el puño en alto.



John Lennon se contempla en el espejo, en los espejos que replican un Lennon infinito, Su mano detiene la Rolleiflex y mirada se cuela por esas antiparras redondas que le caracterizan ¿Qué imaginas mientras miras por su visor? Quizá al ver entre los cristales pudo ver lo que imagina o probablemente son esos cristales los que lo invitaron a imaginar al ver una realidad que no terminaba de encajar. Mejor imaginemos, que así se construye, el primer paso es imaginarlo. Son varios los integrantes del cuarteto los que encontré con una cámara en mano, pero venga, Lennon, es Lennon. Quizá la cámara no era de él. Existen otras fotos también de Lennon con otras cámaras, en alguna de ellas con un curioso overol.



Un Dalí ya mayor posa para una Rolleiflex. Dólares quedaron aprisionados en su afilado bigote. Lo veo y pienso en las fotos con Lorca ¿Quién tomó aquellas fotos? ¿Quién es ese hombre que ahora se inmortaliza en el espejo? Huele a Madrid la foto, para mí huele a Madrid. Una vez, esas añejas calles me llevaron al museo de la Infanta Sofía y estaba la exposición completa de Dalí, la obra que fue mi tapiz en los tiempos del Windows 95. Los elefantes de largas patas que ahora puedo ver sin necesidad de un monitor, pero todo regresar al ser de tinta, al mártir, a Lorca, la servilleta en la que lo bocetó y aquellas fotos por cierto, regresa a mi cabeza ¿Quién las tomó?


Rulfo, el tímido Rulfo no se ve muy tímido, intenta explicar a una joven algo sobre la Rolleiflex, la inivita a mirar, a contemplar por el visor de chimenea, a descubrir la verdad que en ese cubo se quedó atorada. La invita a andar los senderos de Comala, a escuchar cómo ladran los perros, las Rolleiflex también ladran, ladran metálico al detener el tiempo. El tiempo se detiene al disparo, Comala no sabe de tiempo, la obra de Rulfo está partida, el tiempo, el tiempo. Esa cámara es abrazada por la piel de un estuche, esos estuches suelen acompañar todavía algunos ejemplares, algunos se han rajado por el tiempo, así como esa tierra que tus campesinos no querían, esa tierra infértil, rajada por el calor y tan dura que no puede ser penetrada.



Picasso, el maestro de maestros Picasso, pero la musa que seductora se abraza a su cuello mientras el artista fuma un cigarrillo no se parece en nada a una Rolleiflex, esa musa no es una caja que guarde historias, no es nido de realidad, no tiene dos objetivos, ella parece un cíclope, una fina y elegante musa cíclope que no necesita más de un ojo para decirte todo con una mirada. Eso lectores, eso es una Leica y no cabe en nuestro espacio, no cuando tenemos el título que tenemos, pero ¿Acaso usted no le permitiría entrar a su fiesta al maestro Pablo Picasso? Y más aún cuando viene en tan buena compañía. Leica es una cámara, al igual que Rolleiflex mítica. Sus ópticas (lentes) son buscados por coleccionistas y fotógrafos que reconocen la calidad sin importar los años. Saben apreciar sus bondades y sus imperfecciones son parte de su belleza, son los que en conjunto la hacen única.

Hace unos días, un buen amigo, un pintor querido por el puerto, Javier Niño, me preguntó en Facebook ¿Para qué tomar fotos con una cámara antigua? ¿Cuál es el fin? Es una interesante pregunta la de nuestro artista. Bueno, mi hija me dijo que la fotografía análoga (La de carrete, la de revelar) es hermosa, pero es para los que les gusta complicarse y bueno, creo en sus juveniles palabras se encuentra la verdad. Es más difícil, caro, tiene limitantes, pero es una exquisitez hacerlo.


Tomar fotografías con una cámara análoga es una experiencia totalmente diferente a hacerlo con una digital. Acá, en la vieja escuela se debe medir la luz con un exposímetro, se enfoca teniendo por único apoyo una lupa y cuando se aprieta el disparador se produce una hermosa armonía metálica al salto del espejo, convulsiona la cámara, uno puede sentir en los huesos cada instante que termina en el rollo. Unos pocos disparos, 12 en mi caso que mi formato es 6x6.


Pero existe un híbrido, un limbo, una parada entre los dos mundos, es usar una cámara digital con un antiguo lente, se suelen buscar los de la vieja unión soviética, tendrán sabor a vodka las verdades, se dice que es por el contraste. También se buscan los japonenes como Takumar, a mis manos llegó hoy uno, una leyenda 50 mm y con apertura 1.4, es decir, un ojo altamente luminoso. En muchos casos se buscan perfectos, en otros el hongo y rayones ayudan a ponerle historia a las imágenes.

Siempre un gusto compartir con ustedes queridos lectores unas cuantas impresiones, termino con una interesante frase que aprendí hace poco: Los objetivos viejos saben tomar fotos.


No dejen de escribirme para compartir sus reflexiones, sugerencias de temas y claro, venderme una Rolleiflex y Leica. Su escritor patasalada lo merece.