• Raúl Gibrán

Desempolvemos a Renato Leduc

Inicio por decir feliz año queridos lectores, estuvimos algunas semanas sin tener el gusto de escribir para ustedes y debo confesar que ya los extrañaba.



Hoy, como el nombre lo indica, los invito a que desempolvemos juntos al buen Leduc. Inicio por decir que no suele ser un referente en las mesas literarias, en los cafés bohemios, en los tragos ocasionales ante los seres de tinta, con algo de suerte aparece en el fondo de una taza de café de medio pelo o una charla ocasional. Pero a mí siempre me pareció un personaje fascinante, quizá por la forma como me hablaron por primera vez de él, será por eso que siempre que estoy en el extranjero o se habla en territorio azteca del tiempo, salta de mi lengua Renato Leduc. Fue por cierto, un periodista quien me hizo lo descubriera.


Probablemente el nombre no le suene, su famoso poema tampoco, pero si escuchó alguna vez usted la canción de Tiempo que interpretaran José José, Vicente Fernández, Manolo Muñiz, Pedro Vargas, Alejandro Fernández y otros tantos. Aquello que dice:



Sabia virtud de conocer el tiempo,

a tiempo amar y desatarse a tiempo;

como dice el refrán: dar tiempo al tiempo,

que de amor y dolor alivia el tiempo.


Aquel amor a quien amé a destiempo

martirizóme tanto y tanto tiempo,

que no sentí jamás correr el tiempo

tan acremente como en ese tiempo.


Amar queriendo como en otro tiempo,

ignoraba yo aún que el tiempo es oro.

Cuánto tiempo perdí, ay, cuánto tiempo.


Y hoy que de amores ya no tengo tiempo,

amor de aquellos tiempos, cuánto añoro

la dicha inicua de perder el tiempo.



Seguro lo leyó al ritmo de la música, seguro alguno de los cantantes mencionados resonó en la memoria. Bueno, es un poema, es uno de los pocos poemas de Renato Leduc que supo vencer, precisamente, el tiempo, me parece un texto extraordinario, tanto de fondo como de forma.


Permita usted me ponga un poco detallista en menesteres técnicos, pero es que vale la pena. Es un soneto 4, 4, 3,3. Existen varias formas de rimar cada verso, en el presente caso el autor opta por rimar todos, cosa que en lo persona no veo frecuentemente, pero lo interesante aquí es que no existe palabra que se pueda rimar con tiempo en consonante, en asonante sí, claro está, pero no en consonante, por eso el autor rima siempre con tiempo.


A eso claro está y dejando de lado la forma, centrarnos en el fondo. El tema del texto es precisamente el tiempo y sus menesteres.


Unamuno, filosofo y poeta español afirmo que no existe ser más ambicioso que el poeta, el no escribe para el presente, el busca vivir por siempre en sus líneas. Bueno, algo de razón tendría. A mí me vendieron que Renato estaba convencido que el tiempo lo había vencido, que le borraría de la memoria social, que la historia no tendría su nombre y que ya mayor escribió el texto que lo hizo colgarse de las manecillas. La historia es buena, lo invito a que la crea como yo, sin investigar, sin descubrir una verdad que nos haga fea la historia, valga quedarnos con una verdad finamente aderezada y darla por verdad absoluta y así albergar esperanza en el caso de los creadores, al caso de los que disfrutan del arte, pues quedarnos con la historia digna de recordar.


La historia me parece igual de interesante para los nativos de la lengua española como aquellos que han decidido aprenderla en lo que a la forma se refiere, el fondo, me parece algo que deberíamos tener presente toda la vida. Disfrutar la vida, disfrutar de nuestro tiempo.


Valga decir que Leduc escribió más en el mundo del periodismo que en el de los versos, quizá en los mundos periodísticos se le recuerde y reconozca más, yo le hablo desde el mundo de los escultores de versos.


Les cuelgo una breve biografía del personaje de la semana:


Su padre fue el escritor mexicano Alberto Leduc.1​ Le tocó vivir en su infancia y juventud algunas vicisitudes de la Revolución mexicana, durante la cual laboró como telegrafista de la División del Norte comandada por el general insurgente Francisco Villa.


Fue también periodista, pero antes de hacerse poeta, fue viajante de a pie, ferrocarril, camión o tranvía, aeroplano, o montando a caballo, según lo afirma José Alvarado en la solapa de una especie de biografía que le escribió José Ramón Garmabella titulada Renato por Leduc y publicada por la editorial Océano en 1983. Tenía fama de ser "muy mal hablado" siendo capaz de decir tres groserías por cada dos palabras que pronunciaba. Comisionado por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, vivió en París por alrededor de siete años, y regresó a México después de vivir unos meses en Nueva York. En sus días de París se relacionó con el grupo de Artistas de Montparnasse: Antonin Artaud, André Breton, Paul Eluard, Alice Prin (Kiki de Motparnasse). Y entre ellos personajes de la talla de Alfonso Reyes, Federico Cantú, pero su mundo de amistades se extendió siempre desde la gente de barrio hasta políticos, artistas de cine, toreros y periodistas, entre los cuales estaban Federico Cantú Garza, Luis Cardoza y Aragón, Carlos Bracho, Leonora Carrington.


Estuvo casado con la pintora surrealista de origen británico Leonora Carrington. Este matrimonio tuvo como fin más que nada ayudarle a ella a huir de la persecución nazi, a la cual fue sometida por haber sido la pareja sentimental de Max Ernst. Desde entonces (1942) hasta su muerte (mayo de 2011) Carrington vivió en la Ciudad de México. Leduc también fue amigo de la periodista Elena Poniatowska, el premio Nobel Octavio Paz, La Diva del cine mexicano María Félix, de quien se dice le propuso matrimonio, y del llamado músico-poeta Agustín Lara. Leduc falleció en 1986.


Fue un poeta popular famoso por su soneto del tiempo, cuyo título es "Aquí se habla del tiempo perdido que, como dice el dicho, los santos lo lloran", y que afirmó haber escrito cuando alguien lo retó a hacer unos versos relacionados con el tiempo, sabiendo que esta palabra no tiene otras consonantes (que hagan rima con ella) en español. Su obra literaria, sin embargo, es mucho más amplia, y en ella destaca El aula, etc... (1929), que no obstante ser su primer libro es quizá el más emblemático y redondo, por la síntesis de humor y melancolía, erotismo, lenguaje coloquial, albur, rima bilingüe y obscena, etc.2​ Un balance de su escritura (no incluida la periodística, que es muy vasta), se halla en el estudio que acompaña a la edición de su Obra literaria.3​ El soneto del tiempo ha sido incluso musicalizado, con su famoso inicio "Sabia virtud de conocer el tiempo...". Mucha de su obra tiene un sentido erótico, cuando no es francamente directa y explícita en estos temas. En el ámbito periodístico publicó diversas columnas en los diarios Excélsior, Últimas Noticias, Ovaciones, ESTO y Siempre!, entre otras.