• Rodrigo Aguilera

El Atentado que Inició la Cristiada

(ESPECIAL PARA SIEMPRE LIBRES) Aprendí a escribir respecto lo que a uno interesa o apasiona. Para mí un gran interés es esa curiosa periodicidad de los baños de sangre en nuestro país. Cada cien años nuestra nación se ha convulsionado. Fue así en los procesos de independencia, la revolución mexicana y ahora la violencia por el fortalecimiento del crimen organizado. Curiosa "casualidad" o excelente cimiento para una teoría de la conspiración.


Bajo esa etiqueta de los mortandades de cada siglo en México, mi interés ha ido creciendo en lo relacionado a la Guerra Cristera, conflicto que llevó a Jalisco y la región de Puerto Vallarta y sus municipios hermanos Mascota, Talpa, San Sebastián a participar de esa conflagración.

La Cristiada, como también se le conoce a esa guerra civil dejó nada más y nada menos que entre 90 y 250 mil muertos (dependiendo de la fuente que se consulte) y otros tantos refugiados y desplazados a otros países, especialmente a Estados Unidos.

Me llama mucho la atención también que, pese a lo cruento que resultó, el tema fue prácticamente sepultado por décadas y solamente se hablaba de él en voz baja en conversaciones familiares. En un lustro se cumplirá un siglo y preparo un trabajo al respecto.

Hay que tomar muchas cuartillas para siquiera registrar las causas que llevaron al estallido de las hostilidades pero dejo aquí algunas que se repiten entre las enumeradas por quienes se han dedicado a documentar la Cristiada:


Un episodio más del enfrentamiento entre liberales y conservadores (de los de verdad, no de "les inventades" de ahora).

El apoyo de la iglesia católica al Porfiriato y su consecuente oposición al gobierno emanado de la Revolución.

En la Constitución Política de 1917 se limitó el poder de la iglesia lo que inició un descontento entre la jerarquía católica que se fue traduciendo en el fortalecimiento de grupos de apoyo, ligas y conspiradores en todo México, con énfasis en Jalisco, Guanajuato y Michoacán.

Como consecuencia de lo anterior la promulgación de la llamada posteriormente Ley Calles que limitaba inclusive el culto en templos y prácticamente criminalizaba a los sacerdotes provocó un estallido social que duró oficialmente cuatro años pero que tuvo rebrotes hasta bien entrados los años 40 cuando la iglesia católica se alineó frente al comunismo en el contexto de la Segunda Guerra Mundial.

Inclusive en un asunto que habrá que revisar por separado, se creó en aquellos revueltos años 20 de hace cien años en nuestro país una iglesia nacional mexicana que buscaba imponerse a la existente --al estilo de la de Gran Bretaña-- y romper con el Vaticano.


En mis años como reportero he escuchado muchas veces, en otros tantos rincones del centro y el occidente de nuestro país las mismas historias sobre aquellos años en que estaba prohibido escuchar misa y la gente se armaba al grito de "¡Viva Cristo Rey!". Y de quienes se alineaban enfrente, hartos de las conductas poco cristianas del alto clero.

Aclaro , como lo he hecho en otros textos que, si bien soy católico de formación, hace mucho tiempo que dejé de creer, requisito para un verdadero fiel.

Escribo y observo lo relacionado con el catolicismo y su impacto en nuestro país por mera curiosidad. En el caso de la Cristiada, saber el impacto que tuvo en nuestro lado del país así como los intereses e ideas que llevaron a un cuarto de millón de compatriotas a morir violentamente al estar en pro o en contra de una causa.

Sin duda hubo también intereses mundiales que jugaron en uno u otro bando.

Con ese desordenado contexto, que ya habré de ordenar para otros artículos, llego a uno de los antecedentes de la Guerra Cristera la fecha de un 14 de noviembre, recién se ha cumplido un centenario, cuando un atentado dinamitero se verificó en la antigua Basílica de Guadalupe en la Ciudad de México.

De acuerdo con los reportes periodísticos de aquella época, la mañana de ese lunes un hombre dejó un ramo de flores frente al imagen de la Virgen en la antigua Basílica de Guadalupe.

En las flores iba al menos un cartucho de dinamita que, se pretendía, destruyera la imagen en un día en el que el templo estaba completamente lleno por la llegada de un nuevo canónigo a la basílica.

Al estallar el artefacto el antiguo edificio se llenó de humo y si bien la onda expansiva derribó a varios de los presentes no se registraron víctimas. La propia gente que asistía a la basílica detuvo al responsable a quien intentaron linchar pero la intervención de la policía y una presunta llamada del entonces Presidente de la República, evitaron que el señalado como responsable muriera.

Se especula si el detenido fue o no quien plantó el explosivo, que, por cierto, destruyó el altar frente a la Guadalupana pero no dañó el ayate que, se dice, el ahora Santo Juan Diego usaba y en el que habría quedado impresa por intervención divina la imagen de la llamada virgen morena.

Además de los testimonios de la prensa de aquel tiempo quedan el recuerdo de la explosión con un crucifijo que la explosión dobló y al que ahora se le conoce como "El Cristo del Atentado".

El atentado en la basílica enardeció al pueblo católico, que, azuzado por una ya molesta jerarquía eclesial, convocó a multitudinarias manifestaciones tras el hecho. Lo que pasaba en la capital del país, y en el Vaticano --y el contexto mundial previo a la segunda gran guerra-- acabaría impactando directamente a quienes vivían en nuestra región, hace ya un siglo. (CONTINUARÁ)