• Héctor Colín

El Príncipe está Enfermo


El Rey se coronó con una enfermedad escondida en la entrepierna de sus pocos aliados, no hay dolencias porque se relaciona con la demencia, con una patología de relativa normalidad en humanos de edad avanzada, la memoria se disipa cada tanto y hay personas preparadas y prepagadas para atender de inmediato lo que pudiera dañar. La imagen del rey; el diagnóstico lo sospecha el pueblo pero se le esconde la certidumbre a la muchedumbre, los enfoques clínicos son subjetivos, son la recopilación de acciones y reacciones vistas en el actuar diario del rey.


Definitivamente, el rey no puede gobernar, su mente no está bien y su cuerpo ya es viejo. De no ser rey, debido a su edad, sus patologías y la falta de experiencia para producir algo sería colocado en lo más hondo de la cadena productiva de su pueblo, vergonzoso para los gobernados y preocupante para la familia real; saben que en cualquier momento se le caerá la corona y el rey seguirá caminando hacia el horizonte sin saber quién es, sin conocer el rumbo y desconociendo al mundo. Triste, la familia real mantiene al rey parado en el frente de batalla para recibir todos los días los embates de los mitotes, de la crítica, siendo el objetivo para vencer, a golpear y derribar. Los enemigos hoy se esfuerzan menos, la familia real se tropieza sola y las enfermedades mentales, emocionales y sociales empiezan a nublar el destino de los hijos del rey.


El Príncipe Encantador está enfermo, su cabeza lo traiciona todos los días, haciéndole pensar que es el más poderoso del reino, cuando no es más que el más vulnerable, la caída de su cabeza es el premio más codiciado, el más soñado de los triunfos del pueblo que ha sido atacado por la soberbia del príncipe que se cree rey.


Se ha encantado con las doncellas de cualquier tipo, espera siempre que se le hable bonito para sentirse bien. La rehabilitación de las drogas y el alcohol le dejaron secuelas que s e creyeron superadas y que resurgieron recientemente para agudizar sus actitudes que le hacen daño a los gobernados por su padre.


La inseguridad del príncipe es evidente, utiliza un sombrero para cubrir su cabeza todos los días, sin él, se siente desprotegido, desprolijo y vulnerable a la crítica, tiene un parque en la cara y es bajo de estatura, no heredó poder porque no había en su padre, no heredó sangre azul porque no existe en el linaje del que proviene, no es un príncipe en realidad y por lo tanto, jamás será un rey. Cambió su atuendo de pronto pero se le olvidó muy rápido, entró a un círculo vicioso, a un círculo, vicioso.


El Eunuco y él compiten por terminar alcoholizados todos los días, se pierden para encontrarse con ellos mismos pensándose poderosos en un rincón, acompañados de quienes necesitan engañarlos para comer bien y vivir tranquilos.


El Príncipe tiene ludopatía pero no tiene trabajo, apostará siempre el dinero que le ha arrebatado con amenazas, no sale de las casas de apuestas y podría pasar horas allí con la guardia real esperándolo en la cabelleriza. El dinero del pueblo lo cambió por fichas y se esfumó, ahora está en una mesa dentro de la zona de fumadores de un casino medieval, bajo sus manos está el fruto del trabajo de la prole, en monedas redondas, en una mesa redonda y con un príncipe con un pensamiento cuadrado y perverso.


Gana y pierde, según él, juega. No tiene un trabajo y no le apura salir, está cómodo recibiendo halagos mientras la luz del sol se va por el horizonte y regresa horas después por el otro lado, mientras se le acaban las monedas, él piensa en más, necesita más dinero para apostar, para jugar y distraerse del tormento de su cabeza.


Este pupilo no le sirve al rey, lo desgasta y lo hace quedar mal, lo perturba y le molesta, no puede regañarlo porque el príncipe ya no es joven, ya no es un niño, es un adulto con la soberbia suficiente para terminar muy mal su historia.


La actitud del príncipe evidencia una enfermedad grave en su cabeza, no está bien vivir perturbado por ti mismo, con el alcohol, las drogas, las mujeres y el juego cerca, la irresponsabilidad fomenta su haraganería, potenciando su necesidad de extorsionar a su pueblo a escondidas de su padre y de su madre, quienes lo criaron para ser alguien más que un vividor con una diana en la espalda, quienes lo educaron para ser útil y benévolo, pero terminó siendo todo lo contrario.


El Príncipito caerá muy pronto, sucumbirá a los ataques de su propia cabeza, la lo engaña su mente la presión emocional le provoca dormir poco y razonar más lento, le duele el cuerpo porque no hace más que sentarse a contar dinero, a recibir halagos y a apostar su futuro, los días pasan y él se enferma cada vez más.


No hay dinero que alcance para tranquilizar la ambición del príncipe.


El Príncipe Encantador de mi historia es un pendejo.