• Héctor Colín

El Tenebroso Infierno del Príncipe

Un Fenix surgido de entre las llamas para apagar fuegos…



Enclaustrado en lo más oscuro y recóndito del reino, bajo las sombras, sin mostrar su rostro y con el sigilo de un depredador pero con los colmillos de una presa, el prínicpe opera con lo que aparentan ser buenas intenciones.

El Príncipe de mi historia atraviesa por una vida difícil, sosteniendo un morral de plebeyo cargado de malas experiencias de su pasado, con un frasco de ilusiones que fue recolectando a lo largo de su vida, en la que trabajó para los reyes del pasado y de quienes no recibió lo suficiente para consolidar sus sueños.


No heredó una espada, tampoco un título nobiliario que lo acompañe en sus pocas salidas a la luz, pero el príncipe sostiene una bandera con el escudo monárquico que trae un apellido que él comparte y con el que interviene en la operación diaria del reino de su padre. Algunos plebeyos le creen y le obedecen; por miedo, con angustia y desesperación, son cautelosos en su trato con el Príncipe porque este no sonríe, evita mostrar sus dientes de leche que no son los colmillos con los que la prole tiene pesadillas.


En el interior del reino, la prole enfrenta todos los días lo que considera su peor batalla, hasta que amanece en su siguiente jornada y todo vuelve a empezar, con hambre y sed, con la esperanza de no enfermarse, buscan todos los días el rumbo a seguir para mejorar las condiciones de su propio destino que, a pesar de aún no estar escrito, saben que las medidas adoptadas por su Rey van a destrozarles sus sueños, su carrera y obstaculizar las condiciones para lograr algo importante que garantice una buena vida para sus crías.


El Rey está enfermo, se denota lento y de tez descolorida, el decadente semblante de la cabeza de la monarquía despertó una alarma en el interior del reino, porque la ausencia del líder le abrirá el paso a un príncipe con sed de poder y hambre de venganza, un príncipe sin ideas claras, o quizás a alguien más, que vendrá con las garras afiladas para apoderarse de la posición que dejará el rey y todo esto a pesar de llevarse entre las piernas al pobre príncipe que terminará incrustado dentro del reino, como un plebeyo más, como víctima de las circunstancias provocadas por él mismo. El Rey adolece, sufre en silencio y todos sospechan, se corren los rumores respecto a su posible y pronta abdicación. El Rey cavila pausado, con argumentos poco estructurados y la prole asiente con la cabeza, girándola de lado a lado, justificando la condición del rey provocada por el cansancio, por los estragos de la vejez que naturalmente entorpecen su gobernanza.



El Rey ya no come, ni duerme bien, no descansa, quiere rendirse para disfrutar del retiro y evitar interponerse en el desarrollo de su pueblo, comparte su plan pero le piden aguantar, resistir los embates de su mala salud intentando no caerse mientras gobierna. El Príncipe se enrolla los bigotes, en su mente porque no tiene vellos en el rostro, finge la veneración con una reverencia.


El Príncipe interviene al tiempo, durante las pausas del rey, el pupilo aparece para incrustar sus piezas dentro de la estructura de gobierno del rey, tomando posiciones como en un juego de ajedrez, da órdenes y exige que se cumpla una ley hecha por él, escrita en la penumbra.


Los problemas en el interior del reino son cada vez más notorios, la funcionalidad de la monarquía se evidencia en las calles y la gobernanza pretende la distracción con pan viejo y fiesta improvisada.


Existe un consejero muy cercano al Rey, un fenix surgido de entre las llamas de un fuego que se enardece todos los días, sofocando incendios menores que deben ser atendidos mientras el Rey lucha contra la vetustez. El consejero se encarga de reencauzar el rumbo de la gobernanza y el príncipe se divierte jugando a ser el Rey para aterrorizar a la prole.


El Fenix no es de este reino, su sentido de pertenencia continúa desequilibrada pero la moralidad lo ha acercado más al compromiso, al sentimiento proteccionista a favor de un rey en decadencia.


El Fenix, surgido de entre las llamas será tema para otro día, mientras tanto, el consejero “apagafuegos” se mueve a la vista de todos y, sin esconder sus intenciones, crea nuevas alianzas a favor de su fortaleza, consolidándose como un nuevo líder natural con una tarea fundamental dentro de un reino que precisa de liderazgo y decisiones que beneficien a todos.