• Raúl Gibrán

Encontré oro negro


Vallarta se enjuaga en tiempo, hoy las cámaras de antaño, esas de rollo que saben seducir con el canto de su mecanismo llegan a Puerto Vallarta en el lomo del Rocinante de un soñador. El Proyecto Vallarta Análogo será alimentado con el hallazgo.


Querido lector, para cuando el periódico llegue a sus manos ya estarán videos sobre algunas Cámaras en youtube, lo invito a visitar mi canal, simplemente Raúl Gibrán. También lo invito a sumarse al grupo de Facebook Vallarta Análogo.


Cuando Morfeo nos embriaga, cuando el sueño poco a poco nos invade, cuando los párpados ceden, es cuando empezamos a tejer ideas, a encontrar solución a problemas del pasado, a resolver situaciones imaginarias o mejor aún, es cuando nos inventamos las historias más interesantes, esas que saben a imposible, bueno, en ocasiones lo imposible simplemente sucede.


Imaginaba que la viuda de un coleccionista de interesantes cámaras fotográficas permitía fuera yo el que descubriera ese tesoro, y eso me ocurrió hace apenas unos días.


Un hombre me contactó por Facebook para ofrecerme una cámara, era fea, cuando menos a mis ojos, no logró despertar mi interés, mandó algunos mensajes, nada relevante y un par de horas después vuelve a incomodar con sus mensajes, grata mi sorpresa, al abrirlo descubro 5 cámaras preciosas y una extraña explicación: Es albañil, se encuentra trabajando en la casa de una señora mayor, su marido había muerto hace algunos años y necesitaban sacar cajas de equipo ¿Cuánto me ofrece? Bueno, siempre es difícil contestar tal interrogante, lancé una cifra y le digo que me las envíe a Vallarta, para mi sorpresa la acepta. El resto de las palabras sobran ese día, pasamos de hablar de DHL y Estafeta a cosas un poco más extremas, a decir que al día siguiente saldría muy temprano a su ciudad, bastantes horas me esperaban de carretera, pero iba motivado devorando kilómetros mientras pensaba en esas cinco cámaras que agregaría a mi colección y mi eterna compañera de imposibles, mi esposita, me acompañaba. Las dudas me invadían, el volante se aferraba a mis dedos y sin necesidad de que Morfeo estuviera cerca, las historias revoloteaban nuevamente en mi cabeza.


La reja se abre, entramos por un típico patio entre pavimento y árboles frutales hasta el fondo de la propiedad, frente a mí aparecen cajas y cajas de las que derraman viejas cámaras fotográficas. La viuda habla, mis manos buscan con desesperación ahogada develar aquello, descubrir las joyas que duermen hace una década en el cartón.

Aparece una Mamiya c3, una C330, una rolleiflex, otra, otra, otra, la Kowa, otra, otra, una Yashica, otras Yashica, otra. Para ese momento la mesa que es cancerbero de mi selección se encoge, se achica, ya no se sostienen de ella mis nuevas compañeras, elijo, una segunda para que la apoye, muy pronto terminaron con copete. Las horas se achicaron con las mesas y con la energía. Pero puedo decir que no hubo un espacio en el que no escudriñara.

No hablo de detalles pues se me apesta la boca a cobre, eso de hablar de centavos no se me da, pero después de una viuda titubeante y mi estrés por no poder poseer ese tesoro negro por el que tanto tuve que trabajar para sacarlo del séptimo infierno del cartón dantesco, ella puso la mano y aceptó los devaluados pesos que escupía mi delgada cartera.


Del lomo de Rocinante colgaban aquellas 16 compañeras y otras cositas, estaba afinando detalles para dirigirme al hotel a disfrutar de ellas, refrescarme, dormir un poco y quizá regresar a mi querido paraíso Vallartense cuando la viuda toca el cristal. – No bajes el vidrio, ignora, arranca, ella se arrepintió y tendrás que vaciar las ánforas. No, una petición humana a la que en automático empeñé mi palabra: En caso de que encuentre rollos de mi esposo, dicen mis hijas si me los puede regresar.


La duda, la cruda moral, el hueco en el bolsillo gritaba y me encaraba, bueno, la madrugada se metía por los recovecos, pero no había espacio para la prudencia, empecé a mandar mensajitos a mi amiga y maestra Ada O´connor, algunas fotos, muchas emociones y una noche sin dormir, pero muy feliz.


Al día siguiente pasé por otra gran pasión, un puñado de libros con mi amiga Silvia Quezada, una antología de escritores de Jalisco en la que tuvieron a bien incluirme, toqué tierra patasalada y terminamos mi esposita, Ada y yo en la Escuela-estudio Plata Salada disfrutando de las cámaras y descubriendo sus mocedades, mientras la sorpresa seguía asomando la cabeza.


En esa épica noche, en la que se reunían más cámaras formato medio de las que jamás hayamos visto juntas, teníamos que hacer unas fotografías, sería un tanto absurdo que entre tantos disparadores no se presionaran algunos, así es que gracias al talento y bondad de Ada es que las imágenes que acompañan las presentes líneas llegan a ustedes. El set ya estaba montado, minutos antes de que llegara en compañía de las cámaras, una sesión culmina, el escenario puesto, el micrófono abierto, la cámara sedienta de instantes, era un momento para inmortalizar.


Pongo en venta muchas de esas cámaras, el fin es que la comunidad de Vallarta Análogo siga creciendo, que se sumen a las caminatas, que retraten el Vallarta contemporáneo con tintes de ayer, que podamos ver cada uno de esos rollos colgando del tendedero Plata Salada, que contemplemos como se estiran tratando de besar el piso.


Vallarta análogo, proyecto que dirige mi estimada Ada y busca despertar el interés del puerto por la fotografía química, enseñarnos a disfrutar de esas bellezas mecánicas.

Seguro que muy pronto nos verán surcando empedradas calles en la buena compañía de un pedazo de historia, venga y súmese a tan interesante proyecto, cuelgue a su cuello una cámara análoga o cuando menos, si nos llega a ver, salúdeme a mí y al resto de la caravana, con algo de fortuna, pronto vivirá tan interesante experiencia.