• Raúl Gibrán

Hablemos de Denise Levertov

Hace muy poco tropecé con la prosa de Denise y debo decir que es un antes y un después de ella. Conocía sus versos, siempre consideré una poeta a tomar en cuenta, pero es, en un taller literario que conozco su libro Pausa Versal. Es una obra que considero debería ser un referente, hace muy poco escuché que uno de los que mejor maneja la pausa versal en el país es el poeta Luis Armenta Malpica y sé tiene sus cercanías con la obra de Levertov.



La obra en cuestión llega al país bajo el sello editorial de Vaso Roto, editorial que en años recientes viene haciendo un trabajo extraordinario, pagando traducciones importantes, sumando a su equipo poetas contemporáneos de hoy ya son una voz destacada o son promesas en proceso. Caros los libros, sea en digital o físico, la realidad es que Vaso Roto es una editorial cara, pero bueno, un gusto de vez en cuando es justo y no existe otra forma de conseguir la mayoría de las obras que ellos manejan, claro, siempre existe algún rincón en el internet para conseguir algunos, pero, por ejemplo, Nox de la famosa Anne Carson (Hoy no puede uno beber un café completo sin que se mencione a Carson.) está en $1300, pero la edición es hermosa, casi una edición de libro de autor. Ya tendré oportunidad de platicar sobre Anne Carson, Vaso Roto y demás, hoy, regresando a Denise puedo decir que es una poeta con una obra realmente extensa y más importante todavía, una obra con calidad. Pensé en compartir la lista de los más de 30 libros de poesía, las traducciones y los libros en prosa, pero, me parece que es mejor usar el espacio para compartirles algunos de los poemas de la autora:



ONTRABANDO


El árbol del conocimiento era el de la razón.

Por eso es que probar de él

nos arrojó del Paraíso. Lo que había que hacer con ese fruto

era secarlo y molerlo hasta obtener un polvo fino,

para después usarlo de a una pizca por vez, igual que un condimento.

Probablemente Dios tenía planeado mencionarnos más tarde

este nuevo placer.

Nos lo comimos hasta atragantarnos,

llenándonos la boca de pero, cómo y si,

y de pero otra vez, sin saber lo que hacíamos.

Es tóxico, en grandes cantidades: sobre nuestras cabezas

y en torno de nosotros el humo se arremolinó,

para formar una compacta nube que se fue endureciendo

hasta hacerse de acero: un muro entre nosotros

y Dios, que era el Paraíso.

No es que Dios no sea razonable; pasa que la razón

en tal exceso era una tiranía,

y nos aprisionó en sus propios límites, un calabozo de metal pulido

que reflejaba nuestros propios rostros. Dios vive

al otro lado de ese espejo,

pero a través de la rendija en donde el cerco

no llega justo al piso, logra colarse al fin:

como una luz filtrada, como chispas de fuego,

como una música que se oye, cesa de pronto

y, de repente, se hace audible de nuevo.



Rescato dos preguntas que le hacen a Denise Levertov en una entrevista, desconozco la fuente:


Periodista: ¿Podría darme una declaración de principios sobre lo que es para usted ser poeta? ¿Su estética?


Levertov: Antes que nada, creo que el don de escribir poesía debe siempre ser considerado justamente eso: un don, un regalo. Y es una responsabilidad, sea que uno considere ese don algo dado por Dios o por la Naturaleza, y el poeta debe tomarla muy seriamente, porque se trata de una responsabilidad no para consigo mismo, ni para con su carrera, sino para con la poesía misma. Por eso creo en la dedicación y la artesanía. Y, como artesana, creo que cada detalle, cada coma, cada punto y coma, es algo importante y debe ser cuidadosamente sopesado. La puntuación es una herramienta, todos los elementos del sistema de puntuación y de la gramática son herramientas, y deben ser utilizados con eficiencia.


P: ¿O sea que no cree en dejar intacto el primer borrador, escrito de un tirón, incluso con errores ortográficos?


Levertov: No. Ciertamente que no. Sí estoy convencida de que es indispensable para el poeta recibir un impulso inicial, que siempre es algo dado, y sobre el cual él no puede ejercer ningún control. O se recibe ese impulso o no se lo recibe. Y creo que cada poema debe surgir desde un nivel muy profundo del poeta, porque si no el poema no estará vivo, no podrá vivir. No será viable. Por eso, creo además que parte importante del talento de un poeta es el instinto de saber cuándo empezar a escribir el poema. Un poema que se ha empezado a escribir, a cristalizar en el papel, demasiado pronto, antes de tiempo, será un poema que necesitará, si el poeta es responsable, muchísimas revisiones. Y esto puede evitarse si uno espera el momento justo para empezar a escribir. Una vez que se ha cristalizado el poema llega la hora de la responsabilidad de la inteligencia y del juicio crítico del poeta. Algún accidente (pero no un error ortográfico, claro, eso está fuera de toda duda), por ejemplo alguna irregularidad sintáctica, podría ser funcional al poema y quedar integrado como una parte funcional del mismo.


El poeta debe analizar la primera versión escrita del poema y considerar con su experiencia y juicio crítico y conocimientos qué es lo que el poema necesita. Puede que el poema funcione y esté completo, así como está. El poeta debe desarrollar antenas que le indiquen qué pasa con ese poema. Debe poder sentir qué es lo que tiene entre manos.


P: ¿Y cómo se sabe, habiendo escrito el primer borrador, que el poema está bien y que va a funcionar?


Levertov: Es común que cuando el poeta ha terminado el primer borrador se sienta eufórico, y esté erróneamente convencido de que el poema ya está bien así como está. Lo que hay que hacer es esperar y leerlo al día siguiente, o a la semana siguiente, mejor. Algunos poetas trabajan lentamente y otros más deprisa. Yo trabajo más bien rápidamente. Después, creo que cada uno debe confiar en su experiencia. Una se pasa toda la vida escribiendo poesía (yo empecé a escribir poesía cuando era una niña, y son muchos los poetas que empiezan de niños o siendo muy jóvenes), y cuenta con todos esos años pensando en la poesía, leyendo y escribiendo poesía, para ayudarse. No es que se está en medio de la nada. Es cuestión de saber juzgar. ¿Cómo sabe un pintor que el cuadro está terminado? Es una síntesis de intuición e inteligencia. No se puede dejar nunca la inteligencia afuera, pero no se puede empezar por la inteligencia; si se empieza por la inteligencia no se llega a nada: se obtiene un bebé que nació muerto.