• Raúl Gibrán

Hablemos de Roberto Bolaño


Un Roberto que no es Gómez y un Bolaño que no es Bolaños, aunque ambos compartan el amor por la tinta, no son la misma cosa.


Apreciado lector, lo saludo con enorme gusto, deseo las vacaciones las esté disfrutando, sean productivas o mejor aún, ambas cosas.


No, no estoy hablando de nuestro querido cómico mexicano Chespirito, no me comí esa S al final. Roberto Bolaño es un chileno, que al igual que Chespirito escribía, algo bastante distinto, y si me lo permiten de eso les comentaré el día de hoy.


Cada encuentro internacional de poetas que me han invitado, siempre encuentro cuando menos un chileno, no es cosa mía o cosa de organizadores, es simplemente que Chile es país de lectores, y por eso, tiene tantos y tan buenos escritores. Podría mencionar de memoria a Isabel Allende, a Nicanor Parra que ya alguna ocasión hablamos de él, Gabriela Mistral, claro que no puedo dejar de mencionar al coloso Pablo Neruda. Tengo buenos amigos chilenos, todos son buenos lectores.


Recuerdo hace años, cuando falleció Roberto Bolaño, fue el 2003, la vida es curiosa, pero también lo es la muerte. Nuestro autor ya era un hombre conocido y respetado en el mundillo literario, pero con el beso de la muerte alcanzó otros niveles, tomo relevancia, una influencia mayor en las plumas en ciernes, no sé, son casos que ocurren, valga decir que no tan comúnmente como se cree. La idea popular de que la obra de un artista tiene valor hasta el día de su muerte es falso, cuando menos mi humilde opinión. Yo considero que la obra de un artista casi nunca tendrá valor, no importa si está vivo, muerto o lo que sea. Seamos realistas, el valor de una obra tiene que ver con demasiados factos más allá de la obra misma. A algunos la muerte les ayuda, a otros los ahoga, por ejemplo, Sor Juana Inés de la Cruz, viva todo mundo estaba interesado en ella, cuando fallece es olvidada por una década o poco más, después se le vuelve a descubrir y se impulsa su obra. Por cierto, creo que mucho de poética tiene la muerte, pero cuando pienso en lo específico sobre la puerto de los poetas, los artistas en general, muy pocas lo son, puedo pensar en Martí o Baudelaire, pero la de Bolaño, por insuficiencia hepática no logro encontrarle lo poético.


Años después de que fallece Bolaño, aparece una nueva obra firmada por él, su viuda la presenta en el 2016, en la FIL, una novela vinculada a nuestra tierra, la trama se desarrolla en la CDMX, en la época de los 70´s, aún era el DF. Dos jóvenes poetas que buscan ganarse la vida con la literatura, sin importar el sacrificio. La obra desde que vio la luz estuvo envuelta en varias polémicas, iniciando con la editorial, parece que Bolaño siempre estuvo con Anagrama y ahora aparecía con Alfaguara, lo sé, parece cosa menor o de poco valor, pero es importante. Pasa que la literatura como cualquier otro rubro sufre con la rapiña, la avaricia, los monopolios. Las editoriales independientes, las que apuestan por la calidad antes que otra cosa buscan sobrevivir ante el hambriento mundo contemporáneo. Anagrama es una de las cientos de editoriales pertenecientes al grupo de Penguin Random House, que es bastante mal visto en el sector literario. Se les acusa de que el único interés en los libros, tiene que ver con los centavos. Pero bueno, ofrecían un interesante plan para publicar todos los libros del autor, sería un proceso que duraría varios años hasta que los más de 24 libros fueran publicados por ellos, me parece una jugada interesante para mantener fresco su nombre.


Otra polémica es que al parecer no será el único inédito, amenazan con aparecer varias novelas más. Y bueno, también eso quizá necesita una explicación: Un autor publica muy poco de lo que escribe, puedo decir un 5, 10, 15, me parece que decir un 30% es un escándalo. Estoy hablando de autores que se respetan. Bueno, el resto de lo que se escribe se queda en el abrazo eterno del polvo, algunos textos pueden ser base para otros, se toca nuevamente el tema pero de otra manera, se retoma el manejo de cierta técnica pero con otra temática, es decir, son los retazos con los que el escritor puede decidir o no formar otros mundos. Pero es eso, decisión del escritor. Que la viuda y asesores metieran mano a ese material no está del todo bien visto, la han cuestionado en entrevistas y dice que es cierto, que quizá su esposo no habría querido que se publicara, pero no puede ser negativa.


Bueno, antes de compartirles algo de Bolaño, que dicho sea de paso sí público él, sí lo hizo en vida, quiero decir algo: Compre mi libro, cualquiera de los libros que haya publicado en vida, cuando muera compre mis libros, regale, analice, cuestione, critíquelo. Pero, si aparecen libros después de mi muerte no los compre, si tiene la oportunidad destrúyalo. Para firmar un verso el que debe estar convencido de él soy yo, y cuando aparece publicado ya no es mío, ahora es suyo, de cada lector, pero eso únicamente el autor lo puede decidir.


Bolaño es un ente que tiene el don de saltar entre el universo de la novela, así como de la poesía, vámonos por la poesía en la presente ocasión:



Los perros románticos


En aquel tiempo yo tenía veinte años y estaba loco. Había perdido un país pero había ganado un sueño. Y si tenía ese sueño lo demás no importaba. Ni trabajar ni rezar, ni estudiar en la madrugada junto a los perros románticos. Y el sueño vivía en el vacío de mi espíritu.


Una habitación de madera, en penumbras, en uno de los pulmones del trópico. Y a veces me volvía dentro de mí y visitaba el sueño: estatua eternizada en pensamientos líquidos, un gusano blanco retorciéndose en el amor.


Un amor desbocado. Un sueño dentro de otro sueño. Y la pesadilla me decía: crecerás. Dejarás atrás las imágenes del dolor y del laberinto y olvidarás. Pero en aquel tiempo crecer hubiera sido un crimen. Estoy aquí, dije, con los perros románticos y aquí me voy a quedar.



Amanecer


Créeme, estoy en el centro de mi habitación esperando que llueva. Estoy solo. No me importa terminar o no mi poema. Espero la lluvia, tomando café y mirando por la ventana un bello paisaje de patios interiores, con ropas colgadas y quietas, silenciosas ropas de mármol en la ciudad, donde no existe el viento y a lo lejos sólo se escucha el zumbido de una televisión en colores, observada por una familia que también, a esta hora, toma café reunida alrededor de una mesa.


Créeme: las mesas de plástico amarillo se desdoblan hasta la línea del horizonte y más allá: hacia los suburbios donde construyen edificios de departamentos, y un muchacho de 16 sentado sobre ladrillos rojos contempla el movimiento de las máquinas.


El cielo en la hora del muchacho es un enorme tornillo hueco con el que la brisa juega. Y el muchacho juega con ideas. Con ideas y escenas detenidas. La inmovilidad es una neblina transparente y dura que sale de sus ojos.


Créeme: no es el amor el que va a venir, sino la belleza con su estola de albas muertas.


Deseo hayan disfrutado de la degustación de la obra del autor. Agradezco hayan llegado hasta aquí, y bueno, los invito a buscar más del autor y a leer su obra, sea en papel o algo que encuentren la red. Yo tengo tarea, acaba de llegar hace unos días a mis manos Amberes, la octavo novela de Roberto, seguro que la disfrutaré.