• Raúl Gibrán

Jazz y Jazz


Hace unos días me invitaron a escuchar Jazz a la lija, gusto del Jazz, soy un neófito, pero hasta lo que no se comprende se puede disfrutar. Suele ser compañero ocasional cuando califico el trabajo de mis alumnos, en alguna lectura ligera, cuando veo fotografías, pero jamás cuando escribo. Aprendí de un viejo pintor que el ritmo se mete hasta el hueso y uno tiene esas influencias al crear, terminas alejándote de lo que realmente quieres hacer o de tu voz. Claro, que cuando eso es lo que se busca puede ser interesante, pero en lo general no lo hago.


La velada fue agradable, al aire libre, pocas personas por aquello de la pandemia, estrenando la nueva ágora de la lija, lindo lugar, el trabajo de arquitectura me gustó. Conocía ya el nuevo centro cultural, me invitaron hace un mes o algo así, cuando estaban con los últimos detalles. Nos pasearon a la junta de gobierno por los salones, nos platicaron un poco de la estrategia, los planes a corto y mediano plazo, el proyecto realmente interesante, creo será un nuevo pulmón cultural para la ciudad y en la zona me parece va extraordinario, soy Maestro desde hace 15 años en la colonia La Trinidad, así que puedo dimensionar el impacto positivo.


Disfruté la caída del sol escuchando buen Jazz, en la plática al final con los amigos me comentaban que el festival internacional de Jazz que año con año se realiza en Vallarta se estaba gestando en esos días y por eso se aprovecho que la banda estuviera en el puerto para hacer la tocada.


Entre los espacios que se contemplaban estaban los Arcos del Malecón, me alegra que haya sido en La Lija, creo que aporta mucho a los Vallartenses, al pueblo, a los de a pie, a mis estudiantes de hoy y de hace quince años, a los que en diez pasarán por mi aula. Vi niños de quizá 7 años, parecía el típico grupito de la colonia que al ver la gente se acercan sin saber exactamente a qué, pero eso es genial, esa curiosidad siempre deja cosas buenas.


El Jazz tiene su mala fama, se le conecta con ciertos sectores de la sociedad únicamente, es decir, es un tanto elitista. Bueno, la poesía sufre de una fama similar, pero no tiene que ver con el dinero, la poesía se considera un arte para artistas, se le ve como algo exclusivo para intelectuales. Bueno, creo que tanto al Jazz como a la poesía les viene bien bajarlos de vez en cuando de esa peana, sacarlos del exhibidor y dejarlos revolotear, permitir que se les contemple, se juegue con ellos. El arte está vivo y merece volar.


Hace muchos años, conocí un hombre ya mayor, un músico de toda la vida, quizá 50 años en el mundo de la sonoridad, él es compositor, tiene su pequeño estudio, graba lo suyo y toca en bares, hoteles, restaurantes, fiestas privadas y hasta en velorios. En el sector a eso se le llama el talón. Hombre sonriente y dicharachero, un tipo que lleva en los párpados mil historias desgastadas de tanto repetirlas. Nuestro encuentro no fue casualidad, él busco nos presentaran y desde el apretón de manos el intentaba vender una apariencia de hombre serio, directo me dijo que uno de mis libros llegó a sus manos hace un tiempo y se había puesto a trabajar con ellos, los hizo canción y me había buscado por meses pues quería mostrarme. Sacó el celular y llevaba en el aparatito algo así como 15 canciones, antes de reproducirlas se excusó, explicaba que no era la versión final, que su amigo el bajista tenía que hacer cosas, que falta otra cosa y no sé. Simplemente pensaba, presiona ya ese botón, quiero escuchar. Era interesante, realmente interesante lo que hizo, parecía que las 101 cantinas estaban en esas canciones, que cada paso que había dado en su musical andar se podía saborear. No sé mucho de música, quizá debo decir que eran boleros, baladas, no lo sé, pero hasta cumbias, jamás hubiera imaginado que un texto mío podía ser una cumbia, pero me agradaba que alguien pensara que ese mi texto podía ser una cumbia.


Quería mi autorización, también mi opinión y mi visto bueno para seguir con su proyecto. Quería que tuviera un rol importante e hiciéramos cosas juntos en el escenario. Por cuestiones de agenda me era imposible cumplir con aquello, pero nos reunimos un par de veces, varias veces para charlar, ver sus avances, hice algunas grabaciones. Claro, no canté, no creo que nadie quiera un disco para escucharme cantar, bueno, quizá como una curiosidad, pero en general no. Bueno, lo que grabé fue un par de poemas de mi autoría en compañía de jazz.


Era curioso pues las mañanas de café entre un bohemio músico, un jazzista y yo, resultaban una curiosidad, el bohemio ahitaba las manos y su risa histriónica lo invadía todo, las discusiones eran comúnmente las mismas, aunque los argumentos solían variar, pero había uno que siempre se mantenía: El jazz es música sin concepto, lo decía convencido y mirando al jazzista a los abiertos ojos del jazzista, preguntaba, a ver, esa canción ¿Cómo se llama? ¿y esa otra? Estás inventando, en realidad no puedes saberlo, todas suenan igual. Con el jazz no sabes dónde termina una canción y empieza la otra. El jazzista, hombre mesurado y de pocas palabras intentaba de a poco dar respuesta a la lluvia de preguntas, pero una respuesta desataba otro debate y otra cantidad de argumento. Yo reía y disfrutaba el espectáculo. No me interesaba opinar, convencer o ser juez de nada, la imagen me parecía extraordinaria, frente al antagónico creo que sería el titulo de esa escena.


Yo disfruto de esa experimentación, de buscar estirar los límites, salir de lo marcado, dejar que el instinto haga lo suyo y simplemente dejar que fluya la mano, eso de saltar y estar seguro el lugar en el que uno caerá o mejor aún, la forma. Me hace sentir vivo y me hace sentir que mi tinta es libre.


El jazz es simplemente jazz y el que pueda y desee que lo disfrute.


No olviden buscarme en youtube, estaré subiendo algo sobre el próximo libro y mi participan en el Festival Internacional de Poesía de la Habana.