• Héctor Colín

Las Vacas Flacas del Príncipe


A pesar de haberle dedicado unas cuantas entregas a la redacción de mi propia fantasía de reyes, príncipes y monstruos, jamás he hablado de la ilusión de mi príncipe, de su entorno ideal y la gente que lo acompaña.

Cuando uno es pendejo, debe procurar rodearse de gente más pendeja para parecer menos pendejo, es lo mismo cuando se está feo, la idea es que tú primer se círculo sea puro personaje que haga resaltar tus cualidades, buenas para resumirse y malas para maquillarse. En la teoría racional, los asesores deben prepararte para ser mejor, lucir más y convertirte en un auténtico líder, si embargo, el príncipe lo entiende al revés, haciéndome pensar que si coloco su cerebro en el de un pájaro, el ave volaría de reversa.

El príncipe de mi historia lo hace perfecto, irracional, pues, se ha hecho de un par de asesores que lo hacen parecer guapo y no tan pendejo como en realidad es, los asesores, se podría decir que sirven para que el príncipe respalde sus decisiones en el conocimiento de la materia en la que los asesores se han profesionalizado, pero ese no es el fin de este caso, porque el príncipe no los escucha, los hace sentir bien con pesos y caricias pero no les reconoce su eficacia, quizás ni siquiera la tienen pero son asesores de alguien más estúpido que ellos.

Uno de los más allegados a mi príncipe hoy, es un personaje salido de otro reino, al que juró amor eterno mientras se paseó por otros feudos en la búsqueda de parecer en alguno, un poco menos ignorante, el asesor de mi príncipe no es modesto, aunque esta jodido, es perverso, incluso consigo mismo y lo será con el príncipe, sin duda, por eso, en mi historia cobrará relevancia, por la maravillosa posibilidad de ser él, quien le corte la cabeza al príncipe o al menos lo acerque a la guillotina. El asesor de imagen que no tiene imagen, el asesor de seguridad nunca tuvo seguridad y hoy, la integridad de mi príncipe se tambalea todos los días porque de pronto ha dejado en sus asesores la tarea de hacerlo perder poder, sin querer, mejor dicho, sin saber.

Como dije, el príncipe de mi historia jamás será rey, nunca podrá alcanzar el poderío que su padre se ha ganado gracias a la alineación de los planetas, con ayuda de los astros y no con su capacidad.

Mi príncipe está frustrado y se desahoga con los descuidados proles que se le acercan, los ningunea y abusa de ellos, el asesor solo se queda callado y captura la imagen para usarla después, en el ocaso del poder prestado del príncipe, el asesor tendrá herramientas y argumentos prueba para enterrar la carrera del príncipe y después negociar con los otros reinos, con los nuevos monarcas.

La necesidad de paz, orilló al asesor a aliarse con un príncipe sin futuro, con la posibilidad de acercarse a la espada del rey y aparentar poderío, la cercanía del asesor con el príncipe lo alejaría de su antigua profesión de cobrar monedas a cambio de cuidar los baños del reino, ahora comería con postre y habría más de dos cubiertos en la mesa, la dignidad se quedó en el último calzón roto que utilizó en medio de la bulliciosa muchedumbre de donde salió, el asesor ya no era más del pueblo, lo desconoció a cambio de monedas y tranquilidad, se acercó a la “realeza” y ahora visualiza la viabilidad de una traición que lo coloque cada vez más arriba.

El príncipe no lo ve, para pensar, es más incapaz que él, pero no lo sabe, no le entiende porque el orgullo de ser “heredero” significa más que el conocimiento de lo que pudiera sucederle por confiado, por no estudiar, por pendejo, dicen en mi reino. La cabeza del príncipe pende de un hilo porque ha exhibido todas sus cartas sin jugar ninguna, ahora su jugada no vale lo mismo y sus asesores no pretenden ayudarlo, tampoco les irá mejor si al príncipe le va mejor, es cuestión de tiempo para que caiga el rey, el príncipe desaparezca y los asesores vuelvan a las calles del pueblo para ser apaleados por la traición a los principios.

En el campo no se ha sembrado nada y el hambre empezará a asomarse mientras el príncipe se preocupa por el capital económico y no el moral, de la tranquilidad de su pueblo depende la estabilidad emocional del príncipe.

El rey se ha hecho a un lado de manera involuntaria, su demencia lo aísla de todo el movimiento del que debe ocuparse en el pueblo, de la realidad que vive la muchedumbre.

Para los colaboradores del rey, el príncipe es una presión que los orilla al borde, al precipicio para experimentar una muerte cruel y lenta.

Consortes se han vuelto algunos heraldos sin lealtad, carroñeros cercanos al Eunuco perverso que le ha declarado una guerra silenciosa al rey para comerse a los nobles bastardos del rey que se le atraviese.

El eunuco es un personaje asexuado, en teoría, su miembro sur extirpado para no permitir que sus hormonas intervinieran en su desarrollo y que se concentrara en la tarea que se le asignaría al lado de alguien; desde su nacimiento fue designado a la orden del rey para servir como consejero, como asesor, como el presentador del rey ante la sociedad. El eunuco de mi historia tiene el cuerpo alargado, con panza, es de tez blanca y viste chistoso, parece no tener cabello pero si tiene, poco y blanco a pesar de no ser tan anciano para portar canas.

Abajo, cuando las puertas de la recepción del rey están cerradas, en la sala de espera se encuentran el príncipe y el eunuco, buscando ambos satisfacer al rey para llamar su atención y ampliar su poder, en medio está un asesor hablando con ambos, encontrándolos en sus ideologías y frotándose las manos mientras los ve mirarse con desprecio.