• Raúl Gibrán

Letras e imágenes Rulfianas


Ser Maestro es agradable, pero por lo menos para mí lo supera el ser alumno. Siempre estoy estudiando alguna cosa, en los últimos años la fotografía es una constante en mi vida y hace días, en una clase en línea empezaron a aparecer en los ejemplos fotos que encontraba cercanas, estaba casi seguro de haber tropezado con ellas o quizá no con la foto, pero sí con el paisaje, eran las fotos del buen Juan Rulfo.


Cosa curiosa, para apreciar ciertas cosas se necesita un conocimiento previo, no siempre claro. Podemos pensar en un cantante, lo escuchamos y todos podemos decir. Ese está muy desafinado, tiene buena voz, se nota que es un profesional. Igual podemos apreciar la actuación sin gran conocimiento, pero la poesía, la fotografía y otras tantas cosas no. Yo sé quien es Juan Rulfo desde hace tres décadas, conozco algo de su vida y su obra la he leído tanas veces que la cuenta ya perdí. Pero lo que yo no sabía es que su fotografía era buena.



Cuando uno escucha que el Canelo le gusta el golf se imagina que es un pasatiempo, seguro no es bueno, igual ocurre con un Jordan intentando jugar en el diamante, al GABO que le gustaba bailar, así Rulfo y su cámara. Bueno, pues la gran sorpresa es que es bueno, tan bueno que cuando uno estudia fotografía su trabajo se merece ser analizado. Escuchaba a la Maestra explicar esas fotografías de magueyes y calzón de manta, ese rostro del México que se resiste a dejar de existir, ese que sigue atrapado en el tiempo en pequeños pueblos a lo largo de la patria. Y no pude dejar de decir: Fotografiaba como escribía y también como hablaba. En un primer acercamiento es simple, fluye, te abraza sin importar el conocimiento previo y parece tan simple que debemos de dar a comer un llano en llamas a los educandos en secundaria, pero la realidad es que quema, que no es fácil de digerir, la realidad es que en esa aparente sencillez te encuentras con una grandeza llena de humildad.



Portaba al pecho una Rolleiflex, una belleza de cámara de dos ojos, un rectángulo concebido en Alemania y que hasta el día de hoy arrancha suspiros, una de las cámaras de culto por su calidad y confiabilidad, con ella le arrancó pedazos a nuestros pueblos de Jalisco y los colgó en el tiempo. Los magueyes, los guaraches de correa, los muros de adobe, los ojos puros de nuestra gente, sus manos heridas por el campo. Es decir, algo de la genialidad de Pedro Paramo logró llevar a la fotografía, lo escribo vuelvo a pensar, curioso, creí que lo de él era en realidad únicamente la pluma. También algunos autorretratos de un joven Rulfo, los invito a darle una buena sacudida al internet, con algo de suerte aparecen algunas de esas joyas rulfianas que desatinadamente intento describir.


El silencio, sí, eso es un elemento que considero emblemático en la literatura y la fotografía de Rulfo, los silencios en su obra están allí aunque no los nombre, cuando menos yo lo percibo así y lo mismo su fotografía, parece estar conformada por luz y silencio.


Tengo tanto que contar de nuestro autor que no creo el periódico entero me alcance, quizá haga una segunda parte, no deje de buscarnos la próxima semana.


Nacho Varela es un hombre ciego de largas barbas y aire a filósofo griego, sonrisa de trovador y charla de amigo de toda la vida. Al viejo lo conocí rodeado de sacos de café y con los versos en los labios, era un taller literario y cuando entré al pequeño lugar Nacho participaba con su texto, sus lentes obscuros, el que dijera de memoria el texto y no tuviera como todos, la hoja frente al rostro al participar me hizo dudar 5 minutos después de que terminó, creo que no noté otra cosa que su poesía y cuando opiné fue para aplaudir sus versos, estructura clásica por cierto, rima, ritmo y metro. Nacho no nació así, fue un accidente, ante de eso fue catedrático en la UNAM tiene un doctorado en matemáticas y es músico, ritmos africanos principalmente. Nachito conoció a Rulfo, fueron amigos y también de Alí Chumacero, los últimos dos trabajaron en el Fondo de Cultura Económica, siendo Alí jefe de Rulfo y me contaba graciosas historias de eso. Entre eso es que Alí decía en tono burlón: Rulfo fue mi gato y bromeaban al respecto.


Creo que todos conocemos a Juan Rulfo, nos hicieron leerlo en la secundaria, triste al que le dieron Juventud en Éxtasis y le privaron de no entender a Rulfo. Creo que es un intento por parte de los docentes, que no siempre tiene frutos, pero alegra el intento.


Un rosal de dos rosas, una pistola de dos balas, un hombre de dos libros que después simplemente guardó silencio. Con dos libros fue suficiente para pasar a la historia, para influir muchas generaciones de escritores, para deleitar el mundo, para ponernos a analizar sus juegos con el tiempo, los motivos por los que en Cómala el tiempo es circular, se busca a un tal Pedro Páramo y las cosas que están parecen no estarlo.


Monterroso, aquel que escribió el cuento más corto: Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí. Contó alguna vez una historia sobre un zorro que era alabado por otros animalitos y lo impulsaban a seguir haciendo aquello. Dice que el obscuro motivo era que esperaban que fallara, que quedara exhibido, que no pudiera volver a hacer aquello, es decir, que fue chiripa. Pero el zorro por algo es zorro y simplemente no lo volvió a hacer. Claro, ese es Rulfo y con dos libros fue suficiente.


Me gusta cuando lo entrevistan, me gusta ver el esfuerzo del entrevistar por explicar mucho, creyendo que el escritor dirá poco, siempre tuvo fama de ser tímido y de pocas palabras, tímido sí, pero creo que decir pocas es arriesga, quizá escribió y dijo la cantidad exacta, a diferencia de la gran mayoría, Rulfo creo, no dejó palabras de más en esta vida.


Un gesto melancólico, un rostro que parece golpeado por su propia historia, sus labios parecen una hoja de papel que al tomar por el centro cede a la gravedad. Dijo que la tristeza la aprendió en el orfanato que era casi una correccional, que esa tristeza hasta ya mayor le seguía.


Pensé en explicar un poco de la vida de nuestro personaje, pero considero que resulta intrascendente cuando vemos cosas como si nació aquí o acá, Rulfo es jalisciense, mexicano, Rulfo es del mundo. Mejor disfrutemos de su obra y todo lo que provoca. Los invito a que busquen sus dos libros en físico, acaba de aparecer una muy bonita edición tricolor, no creo sea cara. Son El Llano en Llamas, Pedro Páramo y el tercero es una curiosidad, un guión de cine que se llama El Gallo de Oro, una obra que se perdió, se recuperó una versión vieja que habían manipulado gente del cine, luego otra versión que se dice es la de Rulfo y otra más. Bueno, todas aparecen en ese tercer libro. No deje de buscar las fotografías en internet y escuche a Juan Villoro hablando de Rulfo, vea las entrevistas, sus colaboraciones en el cine y todo, todo lo que encuentre del que es posiblemente el escritor mexicano más reconocido por el sector literario en el mundo.


Cierro diciendo que no solo de versos vive el hombre, también soy un amante de la fotografía, principalmente la vieja fotografía, aquello de usar rollo, de pensar y sentir antes de presionar el disparador. Y amo las cámaras raras como mamiya, brónica, yashica, hasselblad, tengo algunas de esas, pero quiero una como la de Rulfo y otros tantos personajes del arte, si tienen una Rolleiflex como la de la foto véndamela, no importa que no funcione o haya estado guardada mucho tiempo, yo intento la reparen. Tengo mucho que fotografiar, tengo mucho que contar y con algo de suerte mi Rocinante Rolleiflex duerme en su armario. Escríbanme raulgibran@g

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