• Raúl Gibrán

Mi andar por el Festival Internacional de Poesía Ignacio Rodríguez Galván

Queridos lectores, los saludo con gusto. Ahora les escribo desde algún frío rincón de nuestro México, con una tableta y sin teclado físico, pero con todas las ganas de compartir con ustedes lo que me encuentro viviendo.



Hace unos días se realizó en nuestro puerto el Encuentro Internacional de Poetas Letras en la Mar, la décima edición y tuve el gusto de participar, ser parte de ese gran momento en la historia de la poesía en Vallarta. Terminó, descansé un día y después tomé un avión a la Ciudad de México, la poesía me presentaba nuevos y tentadores horizontes, ahora tendría el placer de ser parte del Festival Internacional de Poesía Ignacio Rodríguez Galván que dirige el poeta y gestor cultural Jorge Contreras. Hace un par de años había participado en el Festival, pero fue en Toluca, ahora sería una aventura distinta.



En CDMX ya me esperaba un auto para llevarme a Tizayuca, hermosa y fría localidad que los poetas de más de 30 países se encargarían de cobijar con su canto.


Viejos amigos que la poesía nos hace coincidir con insistencia, con algunos de ellos hemos coincidido incluso en otros países. A otros no tenía el gusto de conocerlos y hoy muchos son nuevos amigos.



La calidad de los participantes es de destacar, considero que la curaduría fue algo que tuvo a bien priorizar el director del festival. Voces diversas, contrastes interesantes, intereses diversos, un ramillete de idiomas generó una rica diversidad que estoy seguro que locales y poetas degustaron por igual.


Se contó con la colaboración del ayuntamiento, se habló de fortalecer los vínculos de apoyo para un festival que dota de identidad a la comunidad y que claro, lo promociona a nivel internacional.


Es una localidad de gente trabajadora y amable, considero el espacio perfecto para que florezca el festival, crezca al grado en que toda la comunidad se involucre, se vuelvan esos los días del festival, esa es la meta a corto plazo de nuestro amigo Jorge.


El nombre del festival es en honor a un destacado poeta que nació aquí, en éstas tierras y que llena de orgullo a la comunidad. En las letras Tizayuca en la plaza principal encontré que está el rostro de nuestro mencionado personaje. El director del evento no desaprovechó oportunidad para contagiarnos de la admiración por Ignacio Rodríguez Galván, al comentarnos detalles sobre su vida y obra.



El festival es un deleite, se desarrolla principalmente en la plaza principal y desde ese, el corazón del lugar, la poesía empieza a reverberar, mesas de lectura que inician a las 11 de la mañana y poco a poco la plaza se va llenando de poesía, acaricia a los perros que plácidos duermen entre el público, se mete a palacio municipal y juega entre las hojas, apacigua la prisa crónica, detiene al transeúnte distraído o cuando menos lo hace relajar el golpeteo de las suelas.


Se estira, se mete a su refugio, la biblioteca que atenta escucha, juega con los alebrijes que custodian la planta baja y así, poco a poco la poesía se sigue estirando a lo largo del día y parte de la noche, los poetas, seres nocturnos, esperan la noche con sus gargantas desnudas, las luces urbanas se asoman tímidas y los juglares siguen cantando.


Algunos, como un servidor que es de tierra caliente, que frío son 17 grados y lo demás es imposible, escapo, el saco y la bufanda no me logran convencer, pero sé, que sin importar que todo el día haya estado dedicado a la poesía, dentro de poco, al interior del hotel Rubí, por debajo de una puerta volverá a brotar poesía, todo sea por terminar de cubrir Tizayuca de versos.


Esos momentos bohemios, esos instantes a los que pocos tenemos acceso, poesía, buenas historias, unas guitarras y buena vibra, así es como día a día un festival de poesía va diciendo: Hasta mañana.


Uno de esos días, la gran mayoría de los poetas se quedó a resguardar nuestra plaza, la plaza que por ahora la hemos convertido en la plaza de la poesía. El busto de bronce de Ignacio Rodríguez Galván nos mira a unos metros y casi puedo decir que lo vi sonreír alguna ocasión. Pero unos pocos, un pequeño grupo tuvimos que despertar un poco antes, estar puntual a las 9 para partir a una nueva odisea. Ya eso de las 9 desayunados era toda una odisea, dijimos ya que los poetas somos nocturnos. Pero salimos a carretera todos juntos, comíamos chilaquiles y café, hablábamos de nuestros países, de los caminos recorridos, del festival y ya planeamos nuestro próximo poético encuentro.


Después de poco más de una hora de camino las casas se vuelven una constante, todas decoradas con murales, yo era el único autor mexicano del grupo así que trataba de explicar ese Zapata y aquel Villa, pero Quetzalcóatl imponente aparecía y yo retrocedía rápidamente en la historia, al dar la vuelta la piedra del sol y junto a ella una somnoliente Frida. Pequeños fragmentos de nuestra belleza mexicana en un mar de color. Estamos en Mixquiahuala de Juárez.


Un instante después estábamos el poético grupo lanzando versos sobre la tierra más fértil, nuestros jóvenes. Estábamos en la Telesecundaria #224 en Mixquiahuala de Juárez Hidalgo.


En la escuela nos esperaban ansiosos los jóvenes Educandos en compañía de sus padres, los Maestros y Directivos y claro, miembros del H. Ayuntamiento que han acudido al llamado de Leonardo Martín Candelaria, talentoso artista que dirige el Departamento de Cultura.


Austria, Italia, Costa Rica, Venezuela, Colombia, Bolivia y México, tuvo su poeta representante.


Jorge Antonio García Pérez, fue uno de los poetas, lo acompañó en el escenario su guitarra, sus historias y el cariño de los maestros de la escuela, aquí el amigo Jorge sí es profeta en su tierra. Un hombre que lo quieren y transmite su amor por la literatura y por la vida. Maestro normalista.


Unos versos vallartenses hoy viven en la biblioteca escolar, espero a mi regreso encontrar esos ejemplares desgastados por el ir de mano en mano, mi libro Transeúnte haga honor a su nombre.


Regresamos a nuestro colectivo Rocinante y nos llevó a la casa del mundialmente conocido artista Bayron Gálvez, falleció en 2009 pero nos dejó un extraordinario legado, tanto en la pintura, la escultura, como el grabado. A los pies del cerro del elefante descansa la majestuosa casa del maestro y nosotros hicimos una agradable lectura de nuestros versos.


Ya la noche nos alcanzó y Rocinante cansado pero feliz regresa a Tizayuca pues los poetas deben descansar ya que mañana es la clausura del festival.


Visite mi Facebook en busca del registro fotográfico y pase por mi canal de YouTube para que escuche algunas de las lecturas.


Atentos que la próxima semana quizá les cuente más del Festival.