• Héctor Colín

Pobre Policía Pobre


Hablaremos de problemas que no pueden solucionarse mientras uno está vacacionando en Cancún.


Una de las direcciones más delicadas dentro de una administración pública, sobretodo una municipal, sin duda es la que se encarga de garantizar la seguridad, la prevención del delito que, en manos de ciudadanos normalmente oriundos de la zona, hace crecer el compromiso de los policías por la premura de resguardar día y noche la ciudad donde su familia vive, se mueve y pretende desarrollarse.


En el caso de Puerto Vallarta, las condiciones sobre las que trabaja la policía no han mejorado a pesar de las promesas que se sustentaron en campaña con el argumento de mayor compromiso social, mejora en la administración de los recursos y las atenciones hacia cada uno de los elementos que combaten a la delincuencia todos los días.


La energía y la adrenalina de los policías corre a tope todos los días, la sensación de bienestar no existe porque la presión no sólo está en su trabajo, sino en sus casas, el dinero no alcanza y la vida está en riesgo en todo momento.


Los policías, hoy no tienen mejoras en sus ingresos, sus botas ya están chuecas y son incómodas para andar, el uniforme ya perdió su color original y las fornituras se han endurecido con la humedad y el tiempo a la intemperie sobre la cadera de cada elemento. Los cubrebocas los ponen ellos; los elementos, no tienen lo básico necesario para iniciar el procedimiento de cadena de custodia e incluso las copias del famoso IPH son cubiertas todavía por los policías.


Es triste ver a un elemento de seguridad estresado por el ahorro de la cinta que se utiliza para el acordonamiento de una escena, con crimen o no, si la cinta se termina, los policías se cooperan para comprar otra, porque de no tener, la responsabilidad no solo sería administrativa, sino del tipo jurídico penal. De las balas no hablamos, es absurdo pensar en que pudieran usarlas porque tendrían que cubrir el costo de cada unidad disparada sin un motivo real, es decir que no corra peligro la vida del elemento.


El seguro social de los policías es incierto, “el Jesucristo” le dicen, todos creen que existe pero nadie lo ha visto.



La presión de los altos mandos no se relaciona solamente con la resistencia obligada a la carga de trabajo en la posición que les haya tocado a su suerte durante cualquier turno, sino que ahora se relaciona con la posibilidad de tener que pagar por subirse a una patrulla para no andar a pie, de pagar por gasolina para alcanzar a cubrir el turno y la zona completa a su entera vigilancia, hoy, los policías podrían ser llamados a cuidar al presidente en un día normal de trabajo, a alguno de los familiares del alcalde o algún invitado especial del gobiernito.


–“No traje ropa para eso y mi familia me esperará después de cuidarle la espalda a un desconocido por el que no tengo ningún compromiso”, dicen.


Hoy, la policía intenta una persecución y se queda a medias, sin aceite, sin batería, las llantas se ponchan todos los días y no hay quién atienda en el taller donde deberían mantenerlas con capacidad suficiente para funcionar. Hace unos días perseguían a una camioneta que había provocado un accidente y ellos sabían que forzar la patrulla les traería consecuencias, a pesar de saberlo, la responsabilidad del policía le pedía concluir con el procedimiento y forzar la unidad al punto de tronarla en pleno centro de la ciudad, allí quedó tirada la patrulla.


Incontables los llamados a la base para dar a conocer que una unidad se quedó nuevamente tirada y los elementos que la abordaban han quedado vulnerables y dando vergüenza.


En contraste, los gastos superfluos del alcalde Luis Fulgencio Michel Rodríguez van en aumento y a favor, no de las prioridades, sino de las fiestas y eventos que lo engalanan a él y desgastan las arcas del municipio que deberían ser destinadas para mejorar a la policía y con ello la seguridad de nuestro pueblo.



Desapareció la patrulla rosa, la que se encarga de los temas relacionados con la violencia intrafamiliar y hacia la mujer, brotando suspicacia respecto ala importancia que le da el alcalde a estos delicados temas.


Quienes se dedican a cuidarnos todos los días merecen ser respetados, reconocidos y tratados con honor para el cumplimiento digno de su trabajo. No deberían ganar menos que una de las nuevas secretarias del Profe Michel.