• Raúl Gibrán

Un olmo seco en mi camino


Corría el 2019, antes de que los cubre boca y ese pegajoso líquido que se unta en las manos fuera la normalidad, antes de preocuparnos por la cercanía y del otro, y más aún, cuando todavía podíamos viajar: fui invitado a participar a un Encuentro Internacional de Poetas a un lejano lugar, a Rumanía, exactamente a Curtea de Arges. Me gusta viajar, pero los viajes largos destruyen el cuerpo de cualquiera.


Viajé de Vallarta a la Ciudad de México, esperé algunas horas en el aeropuerto y después a España, ufff, llegué cansado, realmente cansado y hambriento, la comida de los aviones no está pensada para los de gustos mexicanos.


Monumental el aeropuerto Barajas, de Madrid. Ese aeropuerto lo conozco, muchas horas sobreviví en su interior, pero cada vez que volvemos a coincidir me vuelve a impresionar.


Filas aquí y filas acá, ya con mis maletas para un mes de estancia me dirigí a Aduana – Pasaporte ¿Cuál es el motivo de su visita? – Únicamente voy de paso, soy mexicano y voy a Rumanía - ¿Para qué va a Rumanía? Pregunta el oficial de migración, alto, delgado, de pronunciados pómulos, mientras sus dedos largos juguetean con mi pasaporte y su mirada escudriña en su interior. ¿Qué contestar? La realidad sonaba extraña, pero era lo que había que decir: Voy a participar en un Encuentro Internacional de Poetas. Los dedos se detuvieron, hizo una pausa y lentamente levantó la mirada hasta que se encontrara con la mía, el instante pareció eterno y pasaron varias cosas por mi cabeza, incluyendo el que me retuvieran unas horas. Sonrió, el oficial sonrió y me lanzó varias preguntas ¿Usted es poeta? ¿Cómo son esos encuentros? ¿Es de todo el mundo el encuentro? Busqué torpemente las palabras para tratar de dar respuesta a todas esas preguntas, antes de lograrlo me hizo una seña para que callara y lo obvio, me atacó con una nueva pregunta, se sentía que esa era la gran pregunta, el resto perdió automáticamente, era un niño curioso, de oficial a niño, un camaleón. Su gesto, sus ademanes, sus ojos chispeantes: - ¿Conoces el poema A un Olmo Seco? Vio que titubeé y me dice para ayudarme, es de Machado ¿Cuál de los dos pregunté? Sepan ustedes queridos lectores que son dos los Machados, hermanos y ambos seres de tinta, Manuel que es poeta y dramaturgo y Antonio, que es el poeta más joven de la generación del 98. Eso lo sabía, y otras cosas, pero lo que no sabía era la respuesta a su pregunta, el hombre esperaba ansioso que yo dijera de memoria un fragmento, pero no, no conocía el poema, nada tenía por decir, nada de nada. Así que el hombre empezó a decirlo de memoria y se percibía la pasión en su voz. Terminó, dije lo poco que sabía de Machado y después empezó mi larga espera para poder tomar el vuelo a Rumanía, tuve que esperar 8 horas en el aeropuerto.


Así que les comparto por aquí el poema de Antonio Machado, A un Olmo Seco. Por aquello de que algún día se cruce en su camino algún oficial de migración que casi exija para que usted entre a algún país el poder recitar el poema mencionado.



A UN OLMO SECO


Al olmo viejo, hendido por el rayo

y en su mitad podrido,

con las lluvias de abril y el sol de mayo,

algunas hojas nuevas le han salido.


¡El olmo centenario en la colina

que lame el Duero! Un musgo amarillento

le mancha la corteza blanquecina

al tronco carcomido y polvoriento.


No será, cual los álamos cantores

que guardan el camino y la ribera,

habitado de pardos ruiseñores.

Ejército de hormigas en hilera

va trepando por él, y en sus entrañas

urden sus telas grises las arañas.


Antes que te derribe, olmo del Duero,

con su hacha el leñador, y el carpintero

te convierta en melena de campana,

lanza de carro o yugo de carreta;

antes que rojo en el hogar, mañana,

ardas de alguna mísera caseta,

al borde de un camino;

antes que te descuaje un torbellino

y tronche el soplo de las sierras blancas;

antes que el río hasta la mar te empuje

por valles y barrancas,

olmo, quiero anotar en mi cartera

la gracia de tu rama verdecida.

Mi corazón espera

también, hacia la luz y hacia la vida,

otro milagro de la primavera.


Sevilla, 1875 - Collioure, 1939) Poeta español. Aunque influido por el modernismo y el simbolismo, su obra es expresión lírica del ideario de la Generación del 98. Hijo del folclorista Antonio Machado y Álvarez y hermano menor del también poeta Manuel Machado, pasó su infancia en Sevilla y en 1883 se instaló con su familia en Madrid.


Se formó en la Institución Libre de Enseñanza y en otros institutos madrileños. En 1899, durante un primer viaje a París, trabajó en la editorial Garnier, y posteriormente regresó a la capital francesa, donde entabló amistad con Rubén Darío. De vuelta a España frecuentó los ambientes literarios, donde conoció a Juan Ramón Jiménez, Ramón del Valle-Inclán y Miguel de Unamuno.


En 1907 obtuvo la cátedra de francés en el instituto de Soria, cuidad en la que dos años después contrajo matrimonio con Leonor Izquierdo. En 1910 le fue concedida una pensión para estudiar filología en París durante un año, estancia que aprovechó para asistir a los cursos de filosofía de Henri Bergson y Joseph Bédier en el College de France. Tras la muerte de su esposa en 1912, pasó al instituto de Baeza.


Doctorado en filosofía y letras (1918), desempeñó luego su cátedra en Segovia, y en 1928 fue elegido miembro de la Real Academia Española. Al comenzar la Guerra Civil Española (1936-1939) se encontraba en Madrid, desde donde se trasladó con su madre y otros familiares al pueblo valenciano de Rocafort y luego a Barcelona. En enero de 1939 emprendió camino al exilio, pero la muerte lo sorprendió en el pueblecito francés de Colliure.