• Raúl Gibrán

Versos en la memoria

El que memoriza poemas en su cabeza aprende a leer en su cabeza, el que aprende a leer en su cabeza puede llegar a escribir en su cabeza.



Queridos lectores, los saludo con gusto y hoy los recibo con esa interesante frase que se pegó a mi pluma hace unos días y no había encontrado el lugar perfecto para colgarla, hasta hoy, aquí, en la página del periódico. La frase la encontré en un taller literario, sepan que actualmente estoy participando en tres talleres literarios, muy interesantes todos, uno es con mi estimado Luis Armenta Malpica, ganador del premio Aguascalientes, considerado una de las plumas referentes en la literatura contemporánea de nuestro país y que tengo la dicha de que haya realizado el prólogo de mi libro BOCA. Otro taller es una colaboración entre universidades y distintas organizaciones, destaco el Instituto Nacional de Bellas Artes y el tercer taller lo imparte Daniel Medina, un grato descubrimiento para mí, es en ese taller en el que aparece esa frase.


Leer sin tener un libro a mano, beber ritmo, jugar con las palabras, articular versos sin papel, sin tachar, probando una cosa y probar otra, hasta que casi en construcción completa alza el vuelo y cae sobre la blanca hoja, únicamente para las últimas pinceladas. Ese nivel nos haría pensar que no se corrige o casi no se corrige, tal era el caso del último gran poeta mexicano Jaime Sabines. Pero es absurdo, absurdo, la corrección es parte esencial de la literatura, así como si la corrección fuera parte de la construcción, simplemente que en ese caso el creador corrigió casi todo en su cabeza.


Y bueno, por eso y otras tantas cosas en cada taller literario, curso de escritura creativa, conferencia o charla ocasional de café siempre aparece la recomendación de memorizar poemas, es una práctica que como autor ayuda y es un básico. Pero hacerlo no es exclusivo para creadores, tiene beneficios y muchos desde el punto pedagógico, la formación de lectores, el desarrollo del lenguaje, la expresión oral y escrita. Entraré en un momento en eso, pero quiero aclarar, que desde mi ignorante perspectiva la poesía no se vende y los motivos son simples, no se vende por no ser vendible, y esa situación le permite mantenerse honesta, políticamente incorrecta, transparente. Y a mí, como a la gran mayoría que disfrutamos de ella nos gusta así, que no se venda, que no se ponga de moda, que no se pueda ni comer de ella, pues entonces vendrán los que quieren comer de lo que sea y terminan comiendo todo y al final ese todo queda siendo desperdicio, la poesía funciona así, lejos del dinero. Digo, nada de malo tiene el vicio de comer tres veces al día, darse la buena vida, pero en lo personal dinero y poesía me gusta ponerlas en páginas separadas, en momentos distintos y que no se apeste la boca a centavos.


La poesía es algo totalmente inútil, pero altamente necesario dijo cierta ocasión alguien. Y quizá algo de razón tendrá.


Bueno, la poesía puede ser instrumento al momento de querer fomentar la lectura, por eso muchos libros para niños tienen ese sonsonete típico que se logra con la rima infantil y el correcto golpeteo acentual, quizá no tiene mucho desde la técnica, el gusto, pero, ayuda a la fluidez al leer.


Nuevamente, en esa idea de la poesía tradicional de rima, ritmo y metro. Deseamos que el infante amplíe su léxico, aprenda nuevas palabras, bueno, la rima puede ser un aliado invaluable, imagino la selección quizá 80% palabras cercanas a su contexto y 20% que le resulten nuevas y vamos jugando, el ¿Qué es eso? Tendrá que surgir en reiteradas ocasiones y el manejo constante de la palabra en el juego nos ayudará a afianzar esas palabras.


La fisionomía del poema, su construcción misma lo vuelve ágil, rítmico, certero y claro, con eso se vuelve más fácil de memorizar, el que memoriza desarrolla más y más.


Desarrollo cognitivo, aprende el infante que la sonoridad de las palabras casi nunca define su significado, por lo que con la rima podemos encontrar muchas palabras que se escuchan muy similar, pero en realidad tienen significados muy distintos.


Y bueno, el tema de hoy surgió por otra interesante frase que atrapé en uno de esos talleres que les comenté al inicio: Los géneros literarios son una invención de las editoriales para vender. Vaya afirmación, ruda, certera, decidida, huele a juventud con un toque de anarquismo. La vengo escuchando por años y claro que algo de verdad alberga, quizá mucho de verdad. Cuando pienso en esa parte lúdica, formativa, comprendo que la poesía con rima o los cuentos cortos tienen una ventaja. Podemos hablar de las personas que gustan de historias elaboradas, mundos llenos de detalles, historias que se conectan y entrelazan, personajes que evolucionan y comprendo que la novela parece ser lo correcto, pero, lo que ocurre cuando quitamos tantas etiquetas, cuando sacamos de su cerco, de su cajón a cada uno y dejamos que el lector pueda crear sin esas amarras pasan cosas interesantes, empezando por el acto mismo de la exploración, salir de lo conocido, buscar armar otra cosa con las piezas que se arma lo que todos sabemos.


Joe Brainard era un artista estadunidense, lo suyo, lo suyo era la pintura. Ilustró varios libros, discos, hizo algunas cosas en el performance y bueno, vino a sacudir el árbol y meternos en problemas cuando se le ocurrió tomar una pluma y empezar a acordarse.


Me acuerdo es el libro de Brainard que demostró que los límites de los géneros se pueden moldear. Es un libro que empieza diciendo:


Me acuerdo de la primera vez que me mandaron una carta en uno de esos

sobres donde decía «Devolver a los cinco días a» y de que pensaba que a los

cinco días tenías que devolver la carta.

Me acuerdo del gustillo que me daba trastear en los cajones de mis padres en

busca de condones (marca Peacock).


Me acuerdo de cuando la polio era la cosa más terrible del mundo.


Me acuerdo de las camisas de vestir rosas y de las bolo ties.


Me acuerdo cuando un niño dijo que las hojas agrias con forma de trébol que

solíamos comernos (con florecitas amarillas) tenían un sabor tan agrio porque

los perros se meaban encima. Me acuerdo de eso no impidió que siguiese

comiéndolas.


Y termina diciendo


Me acuerdo del hígado. Me acuerdo de Bettina Beer. (Una chica.) Solíamos ir juntos a los bailes. Apostaría a que era lesbiana, aunque por entonces no se me habría ocurrido pensar algo así. No paraba de decir palabrotas. Y bebía y fumaba a sabiendas de su madre. No tenía padre. Llevaba sombra de ojos azul oscuro y tenía manchas blancas por los brazos.


Como ya descubrió lector, cada párrafo del libro empieza con la frase Me acuerdo, no existe antecedente de algo así, no se parece a nada, no tiene referencias, no lo escribió realmente un escritor, así es, los límites de los géneros los rompía un no escritor y salían detractores de todos lados, con los años se ganó un lugar en la historia y medio lo perdonaron en el mundo literario. La realidad es que la obra es mucho más compleja de lo que se podría pensar, pero dotada de una gran sencilles también, cosa que faltó en intentos quer se realizaron después por escritores. Pasa que Joe cuando habla del yo, dice nosotros, su yo lírico está conformado por toda una generación, parece que los engloba a todos, su forma de sentir, de enamorarse, de sufrir, de anhelar y entonces tuvo una interesante construcción con una importante investigación y analisis, pero siempre tuvo como eje la sencilles.


Espero lo haya puesto a pensar, le haya despertado alguna duda. Hasta el próximo sábado.