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Los Enroques de un Cobarde

  • Foto del escritor: Héctor Colín
    Héctor Colín
  • hace 32 minutos
  • 3 Min. de lectura

Hasta la madre me tienen con los famosos “enroques” que hace Luis Munguía cada vez que se le atraviesa una pendejez que no midió. A leguas se nota, primero, que la prensita no conoce las reglas del ajedrez y Luis Munguía en su vida se interesó por un juego de mesa que solicita estrategia, quizás porque el juego requería de inteligencia propia y de un contrincante de mediano intelecto; ninguno de los dos requisitos que reúne el hoy alcalde de Puerto Vallarta.

 

Para que no digan que los sorprendieron, los cambios hechos en su gabinete responden a dos supuestos que he tenido que considerar para no señalar al alcalde como a un pendejo con ocurrencias. La primera razón sería que, con el constante cambio de responsable en las direcciones, las auditorías en las que se hallarían los DESFALCOS a las arcas, los atropellos a los ciudadanos y las omisiones de la ley serían de difícil rastreo. Es decir, que para salir bien librado de todo lo que parece que se han robado, Luis Munguía pretende confundir las revisiones con todos esos cambios que vienen con pequeños documentos similares a una entrega-recepción y que se hacen con las patas. La segunda razón, antes de decir que Luis no tiene ni una chingada idea de lo que hace, es que está probando a sus peones pretendiendo que son alfiles, torres o caballos (piezas del ajedrez), sin considerar también que cree que jugar con más de dos reinas en el tablero es correcto.

 

Ahora bien, un enroque en el ajedrez es una jugada a la defensiva, un movimiento hecho para un cobarde o quizás para un imbécil, y es que el objetivo es esconder al Rey de un inminente ataque, se realiza antes de estar amenazado y “arrincona” al Rey para sacrificar una de las piezas importantes en la defensa del jefe. Nada de esto suena a una jugada inteligente del Rey Tucán, sobre todo porque han demostrado no ser lo suficientemente listos para reconocerles un movimiento eficiente. Ojo, que un enroque viene normalmente acompañado del sacrificio de una de las piezas, lo que no sucede con el equipo de Luis Munguía, y es que los ha movido por donde ha querido, lo que evidencia que, el alcalde no sabe para qué sirven sus amigos o que el alcaldito no tiene ni idea de cuáles son los perfiles ideales para que cada posición haya eficacia.  

 

Otra de mis teorías es que Luis Ernesto Munguía Rodríguez está jugando a la comidita, no le ha encontrado ninguna seriedad al asunto y por eso, dicen, se la pasa intoxicado de cariño. Su gobierno es un chiste, el juguete de un adulto con la niñez frustrada.

 

Ojo, como lo he dicho antes, ninguno de los personajes a los que ha movido entre posiciones sin resultados positivos lo está buscando la iniciativa privada para darles empleo por inteligentes.

 

Ya para irme y dejarlos enfermos. Es posible que haya una pequeña muestra de inteligencia que, aunque mal encaminada, sí sería una señal de que tejieron una estrategia para beneficiarse, y es que se dice que el contrato que se firmó con la empresa de la basura se echará para atrás, lo que le traería “pérdidas” al ayuntamiento por casi 500 millones de pesos, lo que significa el costo de casi 6 años en la recolección de la basura. En otras palabras, la empresa recolectora no funcionó pero el ayuntamiento tendrá que indemnizar por la falta de pago. Si pensamos mal, el plan funcionó desde el principio, el ex tesorero Rodrigo Pérez omitió los pagos para generar deuda, lo que detonó la cláusula por la que se rescindiría del contrato, lo que a todas luces no es una pérdida para la empresa porque como origen cobraría la deuda de los 130 millones, más la “indemnización” cercana a loa 300 millones de pesos y por si fuera poco, al parecer el ayuntamiento le comprará los vehículos usados a la empresa que dejará a Vallarta en banca rota. Parece una pendejada, parece un gran error si no consideras las propinas de las que todos hablan en este tipo de “negocios”. Pensándolo bien, habría una propina cercana a los 100 millones de pesos por la “pendejada” de la concesión de la basura con la que llegó Luis Munguía. Tres veces más de lo que costó uno de los departamentos en los que el Rey Tucán se embrutece.

 

Abusados que, con la salida de las últimas encuestas, el ayuntamiento se ha dado cuenta de que al gobierno verde no le quedará opción de repetir, por lo que están midiéndose el tamaño de las bolsas para salir corriendo con cualquier cosa que se les permita.

 

En fin, a mí no me crean. Al tiempo.

 
 
 

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