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¿Malinchismo Bahiabanderense?

  • Foto del escritor: Héctor Colín
    Héctor Colín
  • hace 10 horas
  • 3 min de lectura

Entendiendo primero que, los lectores, como dice Claudia Sheinbaum “no son tan tontos”, le explico leve lo que malinchista significa.

 

Cuando se le conquistó a México, allá por el año 1500, un militar español de nombre Hernán Cortés se hizo acompañar y ayudar por una muchacha “extraída” del vulgo indígena de aquel entonces para servirle de intérprete y conquistar primero y con dulzura el oído de Cortés; después para traducir y facilitar que el militar entendiera la política de los pueblos y alcanzar sus fines. Pues bueno, a esta muchacha, a quien se le tachó de traidora por ayudar a la conquista se le decía La Malinche, pero se llamaba Malintzin, y no fue la única que ayudó a Cortes en sus planes, y es que pocos saben que La Malinche traducía del Náhuatl al Maya y luego venía otro güey de nombre Jerónimo de Águilar a traducir del Maya al español para Cortés.

 

Luego de conocerse todo esto, con el tiempo se fue formando un término que mucha gente utiliza pero que pocos conocen, especialmente ahora que el mito de la Malinche traidora se ha aclarado y se le ha escusado de culpa. Sin más, una persona malinchista es alguien que prefiera lo de afuera que lo de adentro, no es tan feo como se lee si nos concentramos en el contexto, esto significa que el malinchista evidencia un amor por lo extranjero y un menosprecio por lo local o lo propio.

 


Pues con todo este rollo ya aclarado, qué chingados le sucede a la gente de Bahía de Banderas que por primera vez en su historia tienen una posibilidad real de hacerse de un gobernador de casa, de uno que les conoce la mugre y el olor de sus pies, de alguien que entiende cómo funciona el municipio y que por si fuera poco, le trajo mucho bien en tiempos del mal a los bahiabanderenses. Y es que no se si lo notaron pero en los tiempos en los que la política es simulación, Héctor Santana se metió en la cabeza las tareas e hizo lo que tenía que hacer, acomodar el desmadre dejado por Mirtha Villalvazo y por Jaime Cuevas para enfilarse seriamente como el mejor aspirante, primero a la coordinación de la Cuarta Transformación de Nayarit y luego como candidato a Gobernador de aquel estado.

 


Malinchismo sin sentido en Bahía de Banderas en el apoyo a Geraldine Ponce, quien se hizo famosa nada más por una supuesta relación con Andrés Manuel López Obrador y que alcanzó la infamia por el abandono en el que hundió a Tepic, de donde fue alcaldesa y en donde dejó cuentas mochas. Hace unos días platicaba con un amigo al respecto y le pedí que me enlistara un par de logros de Geraldine, salió a la plática Jasmin Bugarín pero salió pronto de la misma por su ineptitud y esa carrera política en la que nunca hizo nada. Hablábamos de los logros de Geraldine y no hallamos ninguno que haya resonado hasta lo más recóndito de Bahía de Banderas, el Coatante. Entonces, si no hizo nada en la capital del estado como alcaldesa, ¿qué le esperaría a Bahía de Banderas con ella como gobernadora?, exacto, NADA. Geraldine aparece en los medios locales como favorita, como quien lidera la contienda porque no han encontrado una mejor estrategia que la mentira y la repetición d esta hasta que alguien la crea. Si alguien va a olvidarse de que Bahía de Banderas en Nayarit existe, es Geraldine Ponce. De Pavel Jarero y Jasmin Bugarín ni hablamos porque han sido siempre un cero a la izquierda y nos salen muy caros.

 

Héctor Santana ha hecho bien su tarea en los tiempos en los que la política solo es simulación y los amarres para continuar se hacen en los escritorios y con el dinero del pueblo.

 

La lista de obras hechas por el gobierno de Santana está allí para recorrerse, para que la gente lo platique y para que los ciudadanos de la región encontremos el triste contraste entre lo que sucede en “bahía” a lo que pasa en Puerto Vallarta.

 

Héctor Santana pudo hacerse tan pendejo como Luis Munguía y “mamarse” lo que los municipios producen y no lo hizo, se dedicó y se le entregó a su raza, como siempre lo hizo, sin ascos ni “pichicateos”, sin groserías ni reprendas. Acompañó a su raza y les cumplió como alcalde.

 

El malinchista de Bahía de Banderas no tiene razón de ser. Santana nació y creció en el Valle de Banderas y no le avergüenza decirlo. Si a “alguienes” les irá bien con Santana como Gobernador, será al pueblo de Bahía de Banderas.

 

 

 
 
 

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