• Héctor Colín

Un Caldo, “Demen” un Caldo


Tomatlán, Jalisco.- Me declaro amante de los caldos, largos, cortos, cargaditos o ligeritos.



Pa entenderlo les explico. Cuando se habla de un caldo largo nos referimos a una “sopa” que se ha cocinado por varias horas para alcanzar su máximo potencial, un menudo, un pozole bien hecho, un mole de olla o un frijol con puerco. Un caldito corto podría interpretarse como lo contrario, una sopa rápida como un tlalpeño, unos fideos o un caldo de queso sonorense que usted ni conoce. De cargaditos me refiero a un cocido de res con cola, con verdura y con hueso en el caldo, pesado, de esos a los que sobrevives con suerte y caen pesados, los ligeritos son eso ligeros. Punto.



Visité Tomatlán por un antojo de langostino, pero sé que el langostino llamado australiano de Cajón de Peñas es una grosería, es barato en las casas, caro en los restaurantes y no tiene mucho que aprovecharle a la hora de la comedera, así que la opción sería un caldito largo, un sofrito de jitomate con cebolla, un chile verde y ajo en el fondo, poco aceite para no abusar y un par de langostinos para potenciar el sabor, si tienes suerte, le meten una cabeza de pescado para que sepa a algo, al final se licúa todo y se cocina por mucho tiempo hasta que espese, hasta que se sienta levanta muertos, al final, agregas un poco de más verdura y los langostinos para cocinarse, aquello huele a gloria, si le pones cilantro antes de servirlo, mejor. Le faltará medio limón y una salsita huichol para disfrutarse. De eso tenía antojo y me fui a Cajón de Peñas en Tomatlán porque allá se supone que está la mata de los langostinos de la región.


La desgracia.


Elegir el restaurante no es dificil, todos se parecen y ninguno se antoja, regional, pues, ya sabes a lo que vas y te espantas las moscas y huyes de los moscos, pero lo haces lento porque el calor es terrible, la cerveza no sirve para apaciguar la calentura, excepto que te las tomes hatsa olvidar el pesar, eliges entre el langostino australiano o lo que llaman Chacal, la diferencia está en el tamaño y la carne que le encuentras, el precio también es señal de su diferencia. El chacal tiene más carne y cuesta mil pesos el kilo, sí, MIL PINCHES PESOS, nunca había pensado pagar tanto por un marisco, ni siquiera por abulón en Ensenada. No lo hice, me concentré en mi antojo y pedí unos langostinos australianos en caldo.


Llegó una olla como con dos litros de caldo, un poño de langostinos sin sabor y un chile serrano que ni cocido estaba. El caldo sabía a sopa aguada, de esas que te dan en la cárcel más pinche del pueblo más garra. Quise solucionarlo con limón, verdura, todas las salsas de botella de la mesa y no lo logré, la experincia fue terrible pero tenía que tragármelo todo, lo pagaría de todos modos.


La cocina de Tomatlán padece, se sostiene en un lecho que los orillará a morir algún día porque el turista comensal no regresa por un simple motivo, la comida es cara y no vale lo que cuesta. La experiencia es una tortura pero te aguantas, estás demasiado lejos de casa como para buscar más opciones. Quizás elegí mal el restaurante, sugerirá usted otro para darle la oportunidad a un lugar como Tomatlán que tiene aún mucho por aprender para potenciar sus cualidades.