• Héctor Colín

Las Locuras de un Gobernador

Navarro confirma que es un imbécil.

Al parecer, darle la batuta a los ancianos sin antes hacerles una valoración psicológica se ha puesto de moda.


Hemos visto en las películas a través del tiempo, en los libros y las novelas que normalmente los más viejos de las comunidades reciben un nombramiento honorífico como consejeros, como los sabios, a quienes hay que consultar aunque en la batalla o la vida cotidiana se haga todo lo contrario, tan viejos son, que se les respeta por lo menos en su cara para que no se sientan mal mientras buscan un rincón para morir tranquilos.


En estas películas, los hombre y mujeres ancianos opinan respecto a la hierba que hay que tomar para hacer pipí correctamente, opinan acerca de los ingredientes del recaudo, sobre la condición que debe tener la gallina para ser un caldo prometedor, es decir, puras pendejadas para que el viejo no se enfade, en algunos casos, los más jóvenes y propensos a alimentarse de fantasías se acercan al anciano para que este les platique historias de su vida que, como víctima natural de la vejez, el anciano ya confunde fechas, lugares y las historias terminan siendo fantasías sin sentido, pero para ellos es importante sentir que alguien los escucha.



Incluso los Mayas, tenían una posición importante para los viejos de la comunidad, colocaban un espacio al lado del rey para imponer una imagen de sabiduría con base en experiencia de una vida compleja y casi completa.


Así mero pasa hoy en Nayarit, no hablaré por lo pronto de Puerto Vallarta para no distraer el caso aunque sea muy similar.


Como hombre dedicado completamente a la política (como si eso fuera un orgullo), Miguel Ángel Navarro Quintero ha brincado de partido en partido en busca de la mejor posición de poder alcanzable a pesar de lo que se tenga que decir o hacer, bueno o malo, digno o asqueroso. En sus años como diputado y luego como senador, no dejó ninguna buena acción que engalanara su legado como legislador y que le ayudara a merecer ser Gobernador del pobre estado de Nayarit, si usted es de los que no cree que Nayarit sea pobre, póngase a investigar y lea más, de hecho debería abandonar esta lectura.


Como Gobernador, la gestión de Navarro ha sido igual a la de antes, completamente gris, no aparece por ningún lado y no se ve por dónde pudiera abonarle algo positivo al Estado donde al presidente guarda una novia. Ayer, como anciano demente, al güeyón se le ocurrió la magnífica idea cambiarle el nombre a Nuevo Vallarta, como si se tratara del nombre de una insignificante cosa, así nada más. A este señor se le ocurrió cambiarle el nombre a la zona que más inversión privada recibe en todo el estado de Nayarit, a la zona que genera casi el 70% del PIB de la entidad, a la zona que hace que Nayarit no parezca un rancho con vacas flacas y camarones mosqueados. Antes de “ayudar” a Nuevo Vallarta con la única idea que se le ocurrió para colocarse en los libros de la historia como el gobernador más melolengo de Nayarit, incluso por encima de Antonio Echevarría, debió hacerle un aeropuerto, sanear el agua de la zona sur de su estado, bajarle dos rayitas a Ciola como encargada de FIBBA, sí, nada más de FIBBA, que nadie sabe qué significa ni qué hace pero la posición se la entregaron por su lealtad y su bella sonrisa, de eficacia luego hablamos.


Hay muchas cosas que hacer con la zona de Bahía de Banderas antes de pensar en cambiarle el nombre que le dio fama mundial y complicarle la existencia a todos los que allá viven y que naturalmente encontrarán obstáculos legales con esta pendeja idea de Navarro.


Naturalmente, el otro melolengo de esta película es el diputado regala pollos, Héctor Santana, quien al parecer también brincó de un partido a otro para dejar de lamerle los destos a los priistas y hacerlo con los Morenistas que lo ven como un iluminado porque sube fotos con los libros que disque escribió AMLO. Obviamente, el diputado que parece que se le cayó a la partera no se atreverá a contradecir la decisión del Gobernador y yo supongo por tres razones muy simples, la primera está

relacionada con su ignorancia respecto a las consecuencias de cambiarle el nombre incluso una simple “colonia” de Bahía de Banderas y es que el nombre de Nuevo Vallarta es posiblemente más conocido que el mismísimo Puerto Vallarta, pero Santana no lo entiende o, como segunda razón es que intenta ser alcalde algún día, otra vez, pues no puede gritarle pendejo a Navarro porque de eso no se trata la obediencia incondicional en la política de tres pesos con la que ellos operan, la tercera y no menos importante razón por la que el Diputado no contradice a Navarro, es porque a Héctor Santana le importa una chingada lo que suceda con su municipio mientras gobierna Mirtha Villalvazo, porque al parecer quiere verla hacer el ridículo, aunque no tenga ni siquiera que ayudarla.


El gobernador no anunció un puente, tampoco el refuerzo de la seguridad, mucho menos el impulso al turismo, anunció el cambio de nombre de Nuevo Vallarta a Nuevo Nayarit, así de triste.