• Héctor Colín

Una Reina que no Descansa


Dentro de mi historia de fantasía, existe un reino aledaño respecto al que he hecho referencia y que tiene un rey en pleno ejercicio de su demencia y un príncipe sobrevalorado por el miedo que le tiene la prole a las represalias de un joven sin escrúpulos que toma todo de manera personal.


Viajando hacia el otro lado del mundo pero terminando casi donde mismo; a diferencia del reino que usted ya conoce a través de mi pinche creativa forma de ilustrar lo inexplicable; el poderío de ese reino recae en manos de una Reina (OMG).


A ella, a diferencia del Rey, le colocaré un nombre de fantasía, fácil de aprender pero complicado de digerir, se llamará Thirma, sin apellido porque nadie conoce su ascendencia y porque al parecer los valores familiares nunca los reprodujo para su aprovechamiento, las historias respecto al lugar de donde proviene y las condiciones en las que desarrolló las habilidades propias para liderar una batalla como las que enfrentó para ganarse la corona del pequeño reino vecino del de mi Príncipe de las tinieblas.


Thirma ya ocupó antes posiciones clave en otros reinos, como parte de una gestión engañosa para convencer a consortes y plebeyos de que ella sería la esperanza que cambiaría las condiciones de un reino con aparente nuevo rumbo… todo, como dije, fue también un engaño, un fiasco.


Durante la batalla, Thirma se mostró paciente y sigilosa, como si supiera de estrategia y como si fuera una épica película aquellas con guerras entre gnomos y elfos, monstruos y princesas desprotegidas. Thirma estuvo armada con uñas y dientes todo el tiempo, se defendió como Gato acorralado y se deshizo de sus contrincantes en el camino hacia la guerra, incluso de uno que, más que elfo, parecía enano de Blanca Nieves y que ahora se ha decidido por pelear la corona a base de la misma estrategia que utilizan quienes comparten ideologías con los escudos de estos reinos de color tinto.



Del mismo tinto está teñida Thirma, hasta los huesos y se dice articulada con la doctrina de su más grande ejemplo, un tirano que, desde un palacio, gobierna todas las tierras de todos los reinos y que ha sido la decepción de casi toda la prole, el sometimiento de un gran pueblo que ha tenido que conformarse con sobrevivir entre gnomos y monstruos mientras los elfos y las princesas caen muertos salvajemente como moscas dentro de una sociedad violenta.


Los caminos de los reinos destrozan las carretas, la basura se acumula y la inseguridad crece sin medida, el dinero del tributo nunca llega a donde debería de llegar y los impuestos aprisionan a quienes mantienen la economía de las aldeas funcionando, la prole no interviene más en su responsabilidad porque la llegada al poder del Rey con demencia senil y la arrogante Reina con ínfulas y altanería han sometido el diálogo, hundido la capacidad para dirimir y han sobajado la intervención de los expertos en el funcionamiento de los atributos funcionales de cada reino.


Thirma tiene sus preferidos, se han mostrado inútiles pero serviciales a la Reina que supone que todo lo puede.


Como salida de Disney pero más parecida a Pixar, Thirma se peina todos los días durante horas, se acicala con tiempo y mucho cuidado antes de salir a caminar entre la plebe porque le teme a la crítica personal y la comparación con otras reinas. El temor tiene bases sólidas en su inseguridad porque establece en su cabeza que es más importante verse bien que ser eficiente.


Thirma se siente todo el tiempo amenazada, se ha deshecho de sus aliados más cercanos que lucharon junto a ella una batalla nunca antes vista en el reino, que ayudaron a conseguirle la corona que ahora porta con negligencia. Quienes fueron desdeñados por la Reina, hoy imploran secrecía a cambio de las debilidades que harán caer a la Reina antes de verla triunfar en su tarea.


“La vanidad es tan fantástica, que hasta nos induce a preocuparnos de lo que pensarán de nosotros una vez muertos y enterrados”, esa es la más grande preocupación de la Reina hoy, cegada por la vanidad, la envidia y la impotencia de verse inferior a su rival de poses y belleza de una monarca que a toda vista tiene una ventaja con su belleza. Thirma no descansa, omite su responsabilidad y delega tareas que a ella le corresponden.

Es una amenaza para cualquiera que se le enfrente, levanta la voz como mercader de la prole, pero, con una corona en la cabeza.


A Thirma nadie le ha dicho que la corona que porta no es más que responsabilidad y compromiso hacia su pueblo, no es un adorno porque no es un concurso, la nobleza debería dejar en la batalla hasta a última gota sangre por su pueblo y el corazón por el futuro de su gente, la belleza se va y el legado se queda por siempre en la cabeza de los plebeyos que la vieron llegar y ya oran por las noches para que se vaya.


No actúa, finge, se mueve mucho pero es poco eficaz, le entiende pero se distrae.


La Reina de mi nueva historia ha representado para mi propia tranquilidad, como autor de esta novela, una insatisfacción de creador, me ha traído una ansiedad inexplicable por la complejidad de la fantasía, trataré entonces, de ir desenrollando capítulo con capítulo, la historia de una Reina que busca venganza, que caza todos los días, que imagina demonios y reproduce maldad, Thirma perderá popularidad y ganará adeptos para terminar en una vitrina de la historia que jamás debió ser contada.