• Héctor Colín

Y MI PINCHE AGUA?


Yo tuve una tía bigotona que buscaba siempre la oportunidad de pelearse o hacer chisme para desatender sus obligaciones, la casa era un tiradero pero tenía mejores mitotes que cualquier medio de entretenimiento. Me acordé de ella porque así está el Seapal hoy, independientemente de lo que sucede en el ayuntamiento, que están igual o peor, en el Seapal están haciéndose pendejos con sus obligaciones.

Sigo sin agua, ayer llegó el recibo para pagar el servicio y ya no se puede ocultar la indignación respecto a la desproporcionalidad del costo respecto a la eficacia del servicio, no tengo agua y me cobran como si saliera Evian de mis llaves.

Salvador Llamas Urbina llegó para entretenerse haciendo política, de barrio, porque ni siquiera le entiende a la función pública, evidentemente a causa de todas las decepciones que se llevó en las urnas durante sus intentos de ser alguien importante en algún escaño o posición edilicia, fue candidato varías veces y en todas lo botaron, suertudos.

Hoy, en el Seapal se despiertan listos para una campal todos los días, la prioridad sobre la atención y el servicio de llevar el agua a los hogares se ha ido directo a la chingada y por lo tanto, dos tercios del rancho están sin agua, a cuenta gotas se distribuye el vital líquido y todos hacemos malabares para almacenarla y sorteos para dosificarla.

Los problemas públicos del organismo no se relacionan con la falta del líquido, con asuntos que vemos en la tele como el calentamiento global y esas madres, hoy, los problemas públicos del organismo se parecen a las de un barrio conflictivo, donde el voluntariado controla el caos, hay pleitos y la vecindad luce grafiteada, descuidada y sucia, las energías de los involucrados están concentradas en todo lo negativo y en nada positivo, un barrio donde hay personas buenas que se quedan calladas por el exceso de violencia, por el ambiente hostil que atormenta a los vecinos. En el Seapal no hay paz, no hay objetivos y la dirección del organismo está concentrada en hacer campaña negativa para acallar a quienes ya no nos podemos bañar tranquilos y todos los días, a quienes se nos acumulan los trastes y tenemos que pagar la cuenta del agua completa.

Salvador tiene sólo una tarea, dirigir al organismo para acabar con los problemas de vecindad que ha creado, eso, una tarea y la hace mal.

Ya no es importante si el del sindicato roba, o fomenta una mafia dentro que le molesta al director, lo importante ayer era tener agua hoy para no preocuparnos mañana, pero en el Seapal se ve distinto. El director vive como todo morenista en una eterna campaña populachera para convencer a los más pendejos de que él no lo es igual a los demás, los que pensamos, sabemos que no es igual, es peor, es ineficaz y malaleche, no es vallartense y ya se le cuentan los días para que huya con la cola entre las patas después de haberme acabado mis calzones a tallones de las lavadas en el río. Da risa, pero es triste, les dará gusto a ellos pero a mi, como a usted, me da coraje, hay más rabia que agua.

Puerto Vallarta vive su peor momento con el Seapal, lo que se proyectó a 20 años como un problema, el “Chava” llegó a implementarlo en 5 meses.

Al final, la culpa es del Profe Michel por tenerlo allí, cerca, hablándole al oído y haciéndolo parecer un pendejo sin iniciativa, sin escrúpulos ni compromiso con Puerto Vallarta.