• Rodrigo Aguilera

El Camino de Talpa a Santiago de Compostela

La primera vez que escuché sobre el Camino de Santiago (Santiago de Compostela, España) fue en una conversación con la señora Catalina Colín en las oficinas de SIEMPRE LIBRES Puerto Vallarta.


Era principios de marzo del 2017.


Planeaba ella la tradicional peregrinación a Talpa de Allende que la Casa Editorial realiza año con año a Talpa de Allende el último fin de semana de abril.


Sería la primera peregrinación a la que yo acudiría aunque la invitación a participar me la había realizado la jefa del periódico cada marzo desde por lo menos cinco años antes.



Decidi aceptar por la curiosidad de conocer esos paisajes de la Sierra Madre que rodea nuestro puerto más que por devoción.


En mi vida había peregrinando aunque disfruto mucho dar largas caminatas.



Con la paciencia de quien le ha explicado y resuelto dudas a muchos peregrinos novatos en la ruta Vallarta a Talpa, la señora Colín me hacía las primeras recomendaciones calzado cómodo, prohibido estrenar. Empacar ligero e ir preparado para los cambios de temperatura y caminar por lo menos treinta kilómetros diarios.


Eso sí, con deliciosas escalas para descansar los pies en algún arroyo, disfrutar las vistas y los cambios en la vegetación así como la hospitalidad de los lugareños yy la del Lupe el excelente encargado de la logística y acompañamiento.


Y mientras me daba un curso rápido de cómo peregrinar bien (Héctor García Lugo fundador del Siempre Libres fue también el primero en peregrinar a Talpa y luego sumó al entonces párroco de El Pitillal, Ibarria) salió el tema del camino de Santiago.



Precisamente porque Ibarría quien había hecho ambas peregrinaciones a Talpa desde Vallarta y la ruta europea solía decir que la primera es muchísimo más difícil por el reto que significa escalar la sierra madre.


En cambio el camino europeo es mucho más sencillo y menos demandante por la orografía de aquellas zonas.


Después platicando con el propio García Lugo me comentó bastante sobre la historia de aquella ruta y claro que despertó mi interés.


Dejo un poco de lado el tema de Talpa, del cual ya he escrito para Siempre Libres, para añadir que desde aquel tiempo me he puesto a leer bastante sobre el Camino.


Sólo digo que ya he ido dos veces a Talpa desde Vallarta y he sobrevivido a la odisea de tres días que pasa por el famoso Cerro del Cabro.


Y ya muy metido en ir a Santiago de Compostela intenté incluso leer el libro de Coello sobre el tema (no pude avanzar mucho) pero si consumí decenas de videos y artículos sobre la caminata antigua.


El último impulso que requería lo tuve cuando vi las magníficas fotografías que el monero Pillo Kuri compartió sobre su peregrinar así que, me dije, esto es algo que hay que hacer.


Y se fueron tres años entee6la pandemia y otros asuntos en los que se cancelaron compañías y nunca coincidieron agendas.


Además la imposibilidad de viajar era algo infranqueable. En cuanto se liberaron las fronteras y afortunadamente sobreviví si contagiarme la enfermedad y recibí ambas vacunas decidí probar suerte.


Así que hice lo primero que se debe ver mapas, presupuestar, calcular tiempos, evitar aglomeraciones y, claro, decidir la ruta.


Busqué primero un transatlantico, me encanta viajar pero odio los aviones, pero aún las rutas marinas no se definen bien así que tuve que volar.



México - Madrid. Ya en lo siguiente, ir reuniendo lo que habría que llevar para el viaje.


De nuevo pláticas y consultas con quienes han ido, el último el ya mencionado Pillo Kuri.


La coincidencia es el llevar el menor peso posible y buscar prendas que brinden la mayor comodidad....(CONTINUARÁ)