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Pinche Nora

Puerto Vallarta, Jalisco.- María del Carmen Luna se encontraba en su casa esperando a que su familia se decidiera por abandonar lo que había sido su hogar durante los últimos 8 años en la colonia San Esteban. Viviendo a la orilla del río, los nietos crecieron bajo el concepto de un río Pitillal recreacional hasta la madrugada de ayer.



Lluvia copiosa y preocupante durante toda la tarde y gran parte de la noche, con el conocimiento único de que un fenómeno meteorológico se acercaría con el nombre de Nora y que al parecer azotaría la ciudad. Los vientos no hicieron más que agudizar la preocupación de una octogenaria que no puede hacer más que esperar a que su familia corra y la lleven con ella. Con lágrimas en los ojos, María del Carmen Luna abandonó de último su hogar unos minutos antes de que la creciente del río arrasara con todo lo que tenían para dejarlos viviendo en una banqueta. Bajo la lluvia y sin luz, identificaron a Mayra, una vecina que había sufrido la misma suerte a lado de al menos otros 7 vecinos. Ocho familias se quedaron en la calle, sin nada, sus pertenencias habían sido devoradas por el Río Pitillal que les había hecho la vida más llevadera todos los días.



No tengo para ni un pañal. Mayra lloraba desconsolada mientras la mañana llegaba y ninguna autoridad asomaba la cabeza ni siquiera para darles unas palabras de aliento. Tal y como cuando pasa el elotero, la familia Luna salió sin zapatos, con la última ropa que se pusieron para descansar el día anterior y eso se convirtió en todo su patrimonio.

Carolina cargó a su madre con discapacidad, Bonifacio, hijo de doña Carmen tomó el papel de vocero del grupo, sería el gestor de un par de tortillas y un poco de arroz que, con suerte traería pollo y sería la cena, el desayuno, la comida y con poca suerte la misma cena del día anterior. Los niños descalzos y hambrientos sin saber qué sucedía, lo único que entendían era que su casa ya no estaba.



Protección Civil pasó de largo, los vieron a la cara y les prometieron algo que nunca harían, regresar.



La solidaridad de la raza no faltó nunca, minutos después de enterarse de la tragedia, los vecinos salieron al quite, llevaron despensas, ropa, zapatos que fueron un distractor para las damas porque el pleito por el calzado se disiparía con una prueba al estilo de Cenicienta, técnicamente el zapato elegiría a su dueña por su mejor moldura.



Allí siguen, en la calle, sin esperanzas falsas porque entienden que no hay mucho por hacer.